LEONESES POR EL MUNDO. Canadá | Héctor Álvarez de Celis. biólogo e investigador.

«Como estar en un pueblecito de Picos»

Este joven biólogo trabaja en su tesis desde una localidad ártica, con inviernos a -30 grados y rodeado de una población de mayoría esquimal. Un giro inesperado que le llegó en el momento oportuno.

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sonia vidal álvarez | león
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El día que Héctor Álvarez de Celis se fue por primera vez de León para estudiar con una beca en México no se imaginaba que ese paso le llevaría a vivir a día de hoy en Kuujjuaq, una remota localidad esquimal al norte de Canadá. Su historia podría ser la de cualquier joven estudiante con muchas inquietudes, ganas de conocer mundo y de descubrir culturas y formas de pensar diferentes, pero lo que le dio el último empujón en su viaje fue el amor.

«Ya había oído hablar de Kuujjuaq —capital de la región nórdica de Nunavik (en la provincia de Quebec)— , aunque nunca pensé que realmente iría. Pero ese verano conocí a Jessie, quien actualmente es mi novia y que trabaja aquí. Una vez más el amor y la posibilidad de un cambio grande en mi vida llegaron en un buen momento pues estaba en el final de mis investigaciones y no tenía nada que perder». Héctor nació en León hace 29 años y tras terminar la carrera de Biológicas comenzó un máster en inmunología y virología. Desde hace cuatro meses vive en Kuujjuaq donde se dedica a escribir su tesis y para lo que no necesita más que su ordenador y conexión a Internet. Pero su aventura comenzó varios años antes, en México. Allí cursó un año de su carrera y le gustó tanto la experiencia que, al regresar a León y terminar la universidad, se dio cuenta de que quería volver a viajar y su destino sería esta vez Canadá. «El país tenía todos los requisitos: goza de un gran desarrollo y de muchas oportunidades en lo que a ciencia e investigación se refiere. El tiempo que viví en Montreal me encantó. Es una ciudad muy bonita con cierto aire europeo, gran vida cultural y un montón de actividades al aire libre en los meses cálidos. Es un lugar que ha tenido bastante inmigración y, por tanto, una mezcla de etnias y lenguas que enriquecen muchísimo la sociedad», relata Héctor.

A este leonés es difícil que nada le pare los pies, ni siquiera un clima extremo o un idioma desconocido. En Montreal la nieve alcanzó un invierno casi cuatro metros y tuvo que aprender francés.

Cómo vivir en el Ártico. Fue entonces, tras varios años de investigación, cuando Héctor encontró a Jessie y no se lo pensó dos veces: «me armé de valor, agarré el petate lleno de cosas como unas botas que soportan hasta 74 grados bajo cero y embarqué mi vida hacia Kuujjuaq».

Nuestro biólogo cuenta que allí viven 2.100 personas de las que 1.500 son esquimales —o inuits, como ellos se denominan—. «Nos ven un poco como invasores. Es un pueblo cazador que no está habituado a vivir con reglas de la sociedad occidental y, por lo general, no se relacionan demasiado con el resto», explica Héctor. El modo de vida del inuit es muy diferente, como cazador, tienen derechos especiales y un sueldo vitalicio. Pero muchos de ellos no trabajan y los índices de alcoholismo y suicidios son muy altos. «Sin embargo, el resto de la gente es muy abierta y casi no existe la desconfianza —retrata el biólogo—, es normal que no cierren ni la puerta de casa y puedes dejar tu cartera en un banco que al día siguiente seguirá allí. Es como vivir en un pueblecito de Picos de Europa».

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Héctor pasa mucho tiempo trabajando en su tesis, pero sabe bien del día a día. «Hay un bar y el supermercado lo reponen una vez a la semana con productos traídos en avión de Montreal. Hay una sola marca de cada cosa y al final de la semana casi no hay frutas y verduras. A falta de restaurantes (hay uno), las cenas en casa del vecino están a la orden del día», comenta este leonés. Lo peor de todo: el clima. Héctor cuenta que de diciembre a marzo la temperatura media ronda los -30 grados, a lo que hay que añadir el viento, que hace que resulte insoportable. Cuando hay un blizzard , la sensación térmica puede llegar a los -70 grados y no hay visibilidad. Toda la ropa tiene que ser especial e «ir al súper acaba siendo como prepararte para ir a una expedición a la Antártida».