Diario de León
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PEDRO TRAPIELLO
León

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Hay en los evangelios banquetes y comidas nupciales, fúnebres, cenas pascuales... Los fariseos acusaban a Jesús de andar todo el día entre publicanos, pecadores, putas y comilonas... y bebiendo vino como Noé manda y Dios permite.

Para replicar a los fariseos, el de Nazaret relató la parábola del rico Epulón y del mendigo Lázaro que se sentaba a la puerta de su mansión y al que sólo los perros lamían sus llagas. El pobre murió y fue al Cielo, pero el rico acabó en el Infierno pasando una sed de mil diablos (a Jesús no le caían nada bien los ricos y les ponía a enhebrar camellos por el ojo de una aguja), a la vez que Abraham desoía sus ruegos para que le mandara a Lázaro hasta el Hades en brasas y al menos le mojara la lengua con una gota de agua. Solicitud denegada, la eternidad del rico es la sed . Palabra de Dios, dijo el párroco.

Puede pensarse con bastante fundamento que Epulón, en su abrasado y sediento averno, tuvo envidia cochina del banquete nupcial de la heredera de Zara y no sólo por su selecto menú con albariño en cubitera, sino por un detalle que salvará del fuego eterno a la hija «zarina» del hombre más rico de España, un Amancio Ortega nacido leonés de chiripa en una lóbrega casucha de Busdongo donde apenas vivió dos años (que ni recuerda, lógicamente; y si esa es toda su raíz leonesa, ¿no es más que natural su desdén y su ¡aire, aire! a todos los pelotas institucionales y pedigüeños cazurretes que han querido rondarle el ego o tentarle el bolsillo por razones de paisanaje?).

Pues bien, Epulón rabia porque los novios tuvieron el detalle de donar todos los regalos nupciales a Cáritas , a Cocina Económica de A Coruña y a sus hileras de lázaros , caritativo gesto que, sin duda, será tenido en cuenta en el Seno de Abraham donde habrá piedad para estos epulones de hoy (la logística espiritual de los ricos ha mejorado mucho con el tiempo: antes, salvarse les costaba una catedral o un retablo).

¡Qué listos estos novios! -comentó un diablillo a Epulón para chincharle aún más-, no sólo han comprado entradas para el Cielo pregonándolo a los cuatro vientos, sino que se han librado por la cara de todos los regalos horteras e inútiles que son norma en toda boda.

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