LEONESES POR EL MUNDO. ARGENTINA | Celia Rodríguez. pensionista.
«Cuando llegué era el paraíso»
Después de pasar 17 días en un barco llegó a Mar del Plata para huir de la situación de posguerra que se vivía en España. Natural de San Justo de los Oteros, lleva 59 años al otro lado del Atlántico.

Celia posa junto a sus dos hijos en una de las zonas de costa de Mar del Plata.
Cuando Celia Rodríguez Castaño viajó por primera vez a Mar del Plata, una ciudad situada en el medio-este de Argentina, eran tiempos difíciles en España. Corría el año 1953 y los días de posguerra pesaban para muchos, como para Celia, que aún siendo menor de edad se enfrentó a un viaje de 17 días en barco en busca de una vida mejor al otro lado del Atlántico.
Natural de San Justo de los Oteros, un pequeño pueblo de la meseta leonesa, a los 7 años se trasladó con su familia a la capital de la provincia, donde vivió hasta el día de su partida a Argentina. «No fue especialmente duro el momento de marchar. Era lo que quería, en Argentina me esperaba mi tío y sabía que me iba a encontrar con una vida mejor», explica Celia. «Cuando llegué el cambio fue radical, pasé de no tener prácticamente nada a encontrarme con toda la abundancia de la que gozaba el país latino en aquella época», recuerda gratamente nuestra leonesa.
Resulta curioso cómo Celia describe ahora sus recuerdos de hace ya 59 años, los que lleva en Argentina. Y es que asegura que no le costó nada adaptarse a su nueva vida y agradece «de todo corazón» lo bien que fue acogida entre la gente. «Aquí son muy abiertos, en eso se parecen a los españoles. Mi tío tenía muchas amistades que pronto me prestaron su amabilidad y confianza. Eso sí, a pesar de los años y la distancia siempre he estado en comunicación con mi familia, a la que he dejado toda en León —hermanos y sobrinos—, salvo uno de ellos que vive en Cádiz», cuenta. Celia Rodríguez ha visto cómo Argentina ha ido cambiando poco a poco hasta hoy, «ahora es todo mucho más caro» y se preocupa y pregunta por la grave situación que vive España y Europa. «Sigo a menudo la actualidad de mi país natal, pero veo que desde hace un tiempo hay muchas protestas, ¿no?, las cosas no están bien y eso me entristece».
Un lugar ideal. Esta leonesa cuenta cómo antes de emigrar tenía algún trabajo, pero no ganaba casi nada. «Trabajé primero en la calle Luis de Sosa, detrás de Veterinaria, y más tarde lo hice con una familia en una casa muy bonita que tenía miradores en Ordoño II», recuerda aún con cariño después del largo paso del tiempo.
Pero irse a Argentina fue lo mejor y explica que cuando llegó «aquello era el paraíso». «Todo era muy distinto a España, pero me hallé sorprendentemente bien allí. De hecho —comenta divertida— muchas veces soñaba con que tenía que volverme a León y lloraba, ¡no paraba de sollozar en el sueño! y es que el estar aquí no lo hubiera cambiado por nada en aquella época. La verdad es que ahora tampoco —recapacita—, ya está toda mi vida hecha acá».
Celia habla de su familia y los vínculos que ha creado en Argentina. Allí trabajó unos años, pero al poco se casó y tuvo a sus dos hijos, por lo que lo dejó. «Ahora vivo con la pensión y estoy en un momento muy tranquilo». Según nuestra leonesa, Mar del Plata es un lugar muy bonito para vivir y visitar pues goza de playas de decenas de kilómetros que en verano se «convierten en un hormiguero de gente». «Recibimos la visita de muchos artistas y gente de renombre como Julio Iglesias, Sabina, Rosana o Serrat —explica orgullosa— y sólo en la ciudad hay cerca de 40 teatros, la gente es muy aficionada».
Por otra parte, Celia habla del Centro de Castilla y León, al que pertenecen un gran número de leoneses, entre otros, que emigraron como ella. «Durante el año organiza decenas de actividades como romerías leonesas, la fiesta del botillo, incluso en octubre se celebra el día de la Virgen del Camino», dice nuestra leonesa. Además, explica que el mismo centro realiza los conocidos como viajes de añoranza, que ofrecen de forma gratuita a los nietos de descendientes españoles que nunca han visitado la Península. «Son esas pequeñas cosas que a uno le hacen sentirse siempre un poco más cerca de casa», sentencia.