CORNADA DE LOBO
Caridad rosa
Si la caridad tiene color, el rosa le pinta perfecto en esta sociedad del espectáculo. Hágase la caridad y llámese iniciativa solidaria. Los medios andan ahora como locos por sentar un pobre a su mesa y, mejor aún, alguien a punto de ser devorado por el ogro y la hidra de esta crisis; los casos calamitosos son buen pasto informativo. Hasta los programas bragueteros con lenguaraces, locas chillonas y jorgejavieres de perfil embuten en su botillo de hígados y corazones algún caso dramático de cariz social, una familia honesta y arruinada, algún dramón... lo hacen por sensibilidad social y por conciencia (esto es: por la audiencia y la truculencia). Vuelve a la radio aquel espíritu y filón del « Ustedes son formidables» de Alberto Oliveras con su fórmula eterna: casos dramáticos, héroes anónimos, circo de lagrimón y limosna al canto Y ya si hay por medio un niño con enfermedad terrible, un piso lóbrego, un papá en la calle, una madre prostituída... En fin, que haya niños o ancianos desvalidos es lo más importante; el pedigüeño profesional saca el triple si mete criatura en el oficio o una pierna con muñón.
Hasta la prensa seria abre secciones o galerías de tipos atropellados por estos vuelcos, recortes y despidos. Son los damnificados de los atropellos financieros y políticos, pero como tal, lo suyo no deja de ser una página de sucesos.
Las bajas de estas guerras de la crisis comienzan ahora a ser visibles. Vemos ya algunos rostros de ajusticiados por la segregación sanitaria o educativa, por el mazazo del paro o la ruina absoluta (en Italia se está suicidando cada día un trabajador parado y un autónomo o empresario familiar). También antes existía esta gente, pero ahora los aúpan a la programación: necesitamos ver tragedias gordas para que las nuestras parezcan flacas.
Y mañana estará peor, repican cada día los profetas de agencias o gabinetes con su talán-talán, talán-talán... y su eco infecta teles y barras, pues Todo pueblo tiene un tonto y un campanario. Pero sé que habrá al menos una enfermera apiadada que, faltando medicinas y quirófanos, nos cogerá la mano y nos consolará con el viejo ensalmo curativo del «sana-sana-sana, culito de rana, si no sanas hoy, sanarás mañana»...