Diario de León
Publicado por
pedro TRAPIELLO
León

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Acaban de dictar en Bilbao una ordenanza municipal por la que se exige a los músicos que quieran tocar en la calle saberse al menos diez canciones.

Elemental. Los hay insoportablemente turras. Y hay también violinistas falsos con playback, pedigüeños de bongos torturantes, rascaguitarras de bote, berrones y flautistas de don Simón .

A Sócrates le parece oportuno y cree que habría que añadir en esta ordenanza el agravante de alevosía para las bandas de turutas que también asaltan la calle atronando siempre con su misma melodía y su dalequetepego. Tómese nota, en cuestión de decibelios y monocordes van destacados los papones.

Pero no alcanzo a imaginar cómo podrá averiguar el ayuntamiento bilbaino que sus músicos callejeros se saben diez canciones. ¿Les harán un examen antes de darles licencia o lo comprobará in situ un inspector?... porque ya le veo callejeando y encarándose a un acordeonista con un «tóqueme lo que quiera y después el Maitetxu mía o Los sitios de Zaragoza »... bah, que se lo pregunte al nuestro, al de la calle Ancha, que es ruso, esforzado y pertinaz; las sabría todas y hasta Los titos de Corbillos, A la luz del cigarro o la Jota de Boñar , qué tipo, ya se nos acazurró.

A mí me place que suene música en la calle como la que se oía saliendo de una barbería (los barberos fueron siempre muy guitarreros), la que saltaba de una ventana donde ensayaba al piano un alumno del conservatorio o se despepitaba en coplas una mujer haciendo las camas... o la que caía de un andamio donde enladrillaba melodías un antiguo albañil cantarín... y si en el balcón de una paisana curiosina y tiestera cantaba en su jaula una calandria, esa calle era todo un odeón.

Musiquita de mañana... y con una armónica al caer la tarde, pero sin Ramirín, que nos atorraba sin cesar con El puente sobre el río Kwai y no sabía más, bueno, y el Noche de Paz , pero era peor.

Música calmada, por favor... baladas de rinconada, la bandurria de un ciego, una guitarra bajo el balcón de una doncella, canción de hoguera ante una tienda de lona con la peña de los selectos... y un ochote vasco después de un chuletón de media hectárea... y si es en la calle, se pide siempre permiso.

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