Diario de León
Publicado por
ANTONIO NÚÑEZ
León

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La suerte taurina de Don Tancredo desapareció con él. Era un tipo peculiar que se subía a un taburete en medio del ruedo y esperaba sin pestañear ni mover un músculo a que saliera el morlaco de los toriles. Éste primero bufaba, luego se le acercaba escarbando la arena con las patas, acababa pensando que aquello que tenía delante era una estatua —Tancredo López también se pintaba la cara de blanco— y se largaba buscando a algún subalterno de barrera. Como es natural a Don Tancredo, que gastaba ademanes de Rajoy, lo mató un toro.

Con los votos que le dimos y la plaza a rebosar —lea usted mayoría absoluta— uno pensaba que el gallego sería capaz de torear la crisis hasta en el salto de la garrocha, inmortalizado por Goya cuando la crítica francesada de su época y que ahora ya sólo se ve en algunas corridas de recortes. Pero para eso hay que ser ágil de reflejos, cosa que él no tiene, a lo mejor porque lleva toda la vida viviendo de la política y ya no es ningún mozo.

El otro lunes salió Mariano en una rueda de prensa mano a mano con tres periodistas a las que se les permitió hacer preguntas, algo muy de agradecer en los tiempos que corren para la profesión. Se anunció que éstas últimas tenían los pitones muy afilados, aunque sólo sea por las yerbas que algunas llevan en el gremio, pero al final resultaron ser unas maternales pitonisas. ¿El caso del etarra Bolinaga? No se le puede dar la puntilla a un cáncer por muy cabrón que sea el que lo lleva «y, además, tampoco se puede gastar más de lo que se ingresa». Ésta última muletilla fue también la respuesta al resto de las preguntas. ¿Seis millones de parados? ¿Son viables diecisiete autonomías? ¿Qué pasa con el rescate de la Merkel? ¿Para ahorrar hay que poner en la calle a todos los enchufados de su partido, del PSOE, del PNV y de CiU? Respuesta invariable: «lo importante es el déficit». Si alguien le hubiera pedido la hora habría dicho que las diez menos ocho o nueve puntos.

Eso era un lunes y el martes los nacionalistas catalanes le montaron una manifa de medio millón o más de barretinas independentistas, que el presidente español calificó de simple algarabía. Cóño, como serán las romerías a palos de su pueblo. Y se quedó tan pancho. Al final los etarras mandan en Donostia —póngale una hache intercalada— y Artur Mas le exige seis mil millones de euros, un billón de las viejas pesetinas, oiga, que inventó el catalán Figuerola cuando Isabel II, para pagar las nóminas de este mes porque la Generalitat está en bancarrota. Y los pide «sin condiciones» o se independiza. Un poco más abajo la otra Generalitat de Valencia quiere otros tantos, aunque ésta, como es del PP, los mendiga. Coño, pues ni una pela, que les del la autodeterminación, o mejor se la damos nosotros, y luego tapiamos todo alrededor. Esto me recuerda el chiste aquel de los dos divorciados que hacen un crucero para celebrarlo, cada uno con su nueva pareja, naufraga el barco y acaban otra vez como únicos supervivientes en una isla desierta. ¿Y qué haces en estos casos? Pues eso, tapiar la isla por la mitad.

En el mundillo taurino, que es más universal que el catalán o el vasco, se le llama agarrar al toro por los cuernos a lo que hacen los forçados portugueses en fila para dominar a la bestia. No será porque a Rajoy le falten filas en el hemiciclo. Pero, como siempre, ha tenido que ser la presidenta madrileña Esperanza Aguirre, quien salga al quite peineta en moño para reconciliar al PP con la afición. «Las autonomías son un disparate del siglo pasado para contentar a vascos y catalanes que no ha funcionado, el precio de los servicios públicos básicos se multiplica, complica y no hay Estado que lo aguante». Olé.

España está a punto de ahogarse y los más afines a Rajoy dicen que no actua por dontancredismo. Los siete años de Zapatero con sus Pajines y Bibianas fueron una charlotada de bombero torero que ahora estamos pagando muy cara. Por eso hay también quien excusa a Mariano argumentando que es un gobernante tranquilo en la tempestad, incluso de británica flema. No seré yo quien lo niegue, pero me recuerda al inglés de la riada del Támesis. «Milord, el río ha subido tres metros», le dijo el mayordomo Bautista el servirle el té. «Milord, el agua ya está en las calles», insistió a la hora del primer whisky. Y cuando se inundaba ya la mansión Bautista abrió la puerta y se limitó a anunciarlo respetuosamente a su señor: «milord, el Támesis».

Servidor no vale para Don Tancredo, aunque más cornás dé el hambre.Si no nos echas un capote, mejor que nos rescate la Merkel.

Ni se te ocurra moverte, Mariano.

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