Diario de León
Publicado por
MANUEL ALCÁNTARA
León

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LLo último que dijo, antes de cumplir su palabra de asesino, fue que estaba dispuesto a matarlos a todos para quedarse con ella. No sé bien por qué, o si lo sé no me atrevo a asegurarlo, el horripilante caso de la niña de El Salobral me ha remitido al de la vieja España, que dicen que es inmortal.

Un viento de locura, que no es de amor, sino de odio, recorre los valles más apacibles y las breñas más hoscas. También el crimen pasional se ha envuelto en banderas.

De vez en cuando, con fúnebre periodicidad, alguien con un rifle de mira telescópica, se venga de la sociedad disparando contra la gente que no conoce.

Suele ocurrir en Norteamérica y el móvil es el descontento unánime, pero lo nuestro es diferente.

En este rabo de Europa, aún por desollar, reaparece Puerto Hurraco cuando más distraídos estamos con la Champions y en vez de hablar de fútbol hablamos de la «hazaña de un matón, sangrienta», que dijo don Antonio Machado, o de la obsesión de índole psiquiátrica de alguien que usa su escopeta solo porque la tiene a mano.

«Un hombre cuyas manos estén manchadas de sangre de otro huye hacia su tumba. No lo detengáis». Lo dice la Biblia, que dice muchas cosas aplicables a cada situación histórica y a cada peripecia individual.

Los que cercaron al demente asesino se ahorraron el trabajo de matarle y ahorraron al Estado el de mantenerle en prisión, que es muy caro.

El ser humano no está bien hecho y sigue extrañando mucho que algunos afirmen que Dios nos hizo a su imagen y semejanza. ¿Qué concepto tiene el Sumo Hacedor de sí mismo?

A pesar de que haya repartido su responsabilidad y sean tres en nuestra religión más frecuentada, no se entiende. ¿Habrá alguien que quiera cargarse a la patria de todos? ¿Será por amor o por despecho?

De los incomprendidos no puede esperarse nada bueno, pero tampoco de los que no han logrado comprender la diversidad, que nunca es un castigo, sino un lujo.

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