CORNADA DE LOBO
Es gratis
Tienes que recontar los sueños que mecías cuando eras soñador y aún te restaba una última inocencia... sólo así sabrás lo que traicionaste... o por cuánto te vendiste... y mejor no hacer cuentas, al final todos salimos baratejos.
Recuenta, pues, que los sueños nunca se olvidan, incluso los que borramos. Recuenta. Y resuéñalos otra vez, Sam, porque soñar será lo único gratis que te permitan hacer ahora y porque cabe la maldita posibilidad, aunque tarde, de que alguno sirva.
¿Con qué soñabas entonces?...
... ¿con la Bardot pariendo gatitos o con la Gina Lollobrígida sembrando arroz amargo con la falda arremangá?... no te imagino, eras algo chaval entonces, te cuadra mejor el ir y venir secreto desde la galga Audrey Hepburn a la opulenta estanquera de Amarcord, pasando por Lola Herrera en «La casa de muñecas», pero en realidad sólo soñabas con Marie Laforêt, Silvie Vartan y Françoise Hardy entrando descalzas por tu oreja... aunque también entraban por ahí calzando sueños Cafrune, Serrat, los Beatles o The Mamas and the Papas , así que soñabas con que naide escupa sangre pa que otro viva mejor , con Penélope en una matinada catalana, con Penny Lane en Londres y con haz el amor, no la guerra en el campus de Berkley llevando flores en el pelo y un risueño pedete fraternal... soñabas con la calma de Gandhi, la impaciencia del Che y la bandera «no soy de aquí ni soy de allá» de Facundo Cabral... y con la abolición de las armas, las fronteras y los malos artistas... soñaste conocer a alguien con la risa inocente de una monja culta... y con un jilguero y una armónica en casa de cada viuda... y con burlar al censor, robar a un ladrón o levantarle la toga a un cohecho... soñaste hasta con la rebelión de las masas que soñó Ortega y con que, muerto Franco, acabarían las hostias y la corrupción... vaya, puestos a soñar... pues sigue, te queda imaginar que un día la justicia estará antes que la ley, lo común antes que lo privado, el agua antes que el fuego, el honrado antes que el listo, los bueyes antes que el carro, el hospital antes que el banco y la honra antes que el honor... y ya ves, dices... pero no entiendo por qué hoy sólo crees en loterías si quieres soñar.