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ANTONIO NÚÑEZ
León

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Un número de mal agüero y encima el 2013 cae en martes, seguramente lo único que no es culpa de Zapatero. Nadie es perfecto. Se afanan los analistas en adivinar lo que nos espera este año, que podría resumirse en tres teorías, a saber: la positiva, «como las cosas no pueden ir peor necesariamente tendrán que ir a mejor»; la gafe, «todo lo que es susceptible de empeorar empeora y la tostada del desayuno de las leyes de Murphy siempre cae al suelo del lado de la mantequilla»; y tercera y muy probable según me dijo una vez Blas Calzada, síndico de la Bolsa en otra crisis, «hemos tocado fondo y ahora nos toca cavar». Elija usted entre las tres y que le siente el champán, aunque, si es catalán, lo dudo.

La verdad es que el año nuevo pinta feo. En la llamada reconversión bancaria, que no es de los bancos sino de las cajas, se ven volar los miles de millones de euros de rescate como para marearse panza arriba. Sálvese quien pueda y las grúas y el ladrillo primero. A las familias que les den una moratoria en la hipoteca y no las desahucien, por aquello de que sería peor si entrara una tribu ocupa de gitanos. Las cosas como son. El jefe de riesgos de la sucursal de mi barrio está de los nervios. Por cierto que mil y pico trabajadores de Caja España-Duero irán al paro, o sea los de siempre, pero no se sabe nada de las indemnizaciones para los altos cargos. El todavía presidente Evaristo del Canto no da el cante. Ni mú.

Es sólo el primer follón para el año en el que debe/haber pero no hay. Luego vienen todas las infraestructuras faraónicas que se han quedado paradas desde los tiempos de Pepiño Blanco como el AVE a medio correr y no digamos los túneles de Asturias. El primero, igual que el aeropuerto, tiene el renqueante futuro de los viajes del Inserso y para los segundos sólo cabe un aprovechamiento pobrín en el cultivo del champiñón con todos los acuíferos desnortados. De esto tampoco nadie rinde cuentas y los responsables han vuelto a casita con sueldos de exministros o expresidentes. El pufo es de campeonato según Florentino, el del Real Madrid, que entiende de eso.

Luego viene lo de las manifas sindicales contra los recortes, desde el que maneja el carro de la limpieza en la calle hasta el doctor del hospital, que no quieren dejar de ser empleados públicos de escoba o de bata blanca. Es natural, porque como bien decía mi difunta abuela los nietos van para funcionarios y al revés sería un contrasentido en la vida. Y ponga usted lo mismo para los docentes de la universidad y el abigarrado profesorado de la enseñanza pública de medio pelo, paraíso de los liberados, no del liberalismo. Por eso no merece la pena brindar en el paro con las doce campanadas.

Y la guinda. Desde Cataluña nos van a dar la matraca con lo de la independencia y tal y cual. Eso tapa muchas miserias, bastantes de corrupción pura y dura, que se envuelven en la bandera de allá como los calzoncillos de la Union Jack que lucen por el verano los turistas guiris en Lloret. Es otra idea que se ofrece desde aquí a Artur Mas y los teloneros Pujol. Gratis, nen, que conste. El día que empiecen los vascos con la ikurriña Alfredo Adams tiene que abrir otra tienda de alta costura.

Perdónese que los augurios no den para más. Es lo que hay. En cuanto a Mariano Rajoy ya no es que se sepa si sube o baja de la escalera a la gallega. Para mí que el hombre se limita a agarrarse a la barandilla, que no es precisamente la de El Corte Inglés. A su prima de riesgo le pasa más o menos igual, así que pase usted de puntillas sobre el 2013 y aguante los tres años que todavía le quedan, recortes y rebajas.

Eso sí, lo que se agradece sobremanera es que los del PSOE sigan callados, salvo alguna salida de pata de banco que no pueden evitar por naturaleza. Es lo mejor porque bastaría con pasarles por los morros los siete años anteriores del paisano Zapatero, un figura de las finanzas que hasta era capaz de dividir por cero. La prueba del nueve es todo lo que dejó para la próxima generación de españolitos. Conviene que estas cosas no se olviden así como así, mal que les pese a algunos.

Es lástima despedirse del año pasado, más que nada porque pudo haber sido peor, lo crea o no. En este país puede pasar cualquier cosa, como que el Gobierno prometa que de ésta vamos a salir. Será tiesos de Montoro o por pies. Ya le he aconsejado paternalmente a mi niña estudiante que saque buenas notas... y el pasaporte.

Cuando las campanadas de Nochevieja no se me vaya usted a atragantar con las uvas.

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Sería el colmo.