Diario de León
Publicado por
ROSA VILLACASTÍN
León

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¿Qué puede llevar a un hombre joven —46 años—, atractivo, inteligente, exitoso, maduro, con dinero, reconocido en su profesión, a clavarse un puñal en el pecho, en el baño de un ambulatorio de Sitges? Seguramente una grave depresión que posiblemente ni sus íntimos conocían, motivada por la presión a que se ven sometidos los grandes diseñadores, por sus propias empresas, que lógicamente desean expandirse y obtener más y más beneficios, si quieren sobrevivir en un sector tan sensible a los cambios, y a la crisis.

O quizá se deba simplemente a que cumplidas todas sus metas, todos sus sueños, Manuel Mota no encontró razones para seguir luchando, para seguir viviendo. De ahí que el suicidio fuera meticulosamente planeado, que escribiera cartas a su pareja, a su familia, y a los Mossos de Escuadra, en las que les explicaba las razones que le llevaban a tomar una decisión tan dolorosa, sin tener a nadie a su lado que pudiera convencerle de lo inútil de su acción.

Una historia de la que iremos conociendo más detalles, que ha consternado a todos aquellos que le admirábamos y queríamos, y de quien siempre he tenido la misma opinión: era un hombre discreto, amable, al que la fama apenas si había cambiado, que le gustaba alimentarse del arte para diseñar sus trajes de novia, que han lucido algunas de las mujeres más guapas del panorama nacional.

El caso de Manuel Mota no es único, es más, me atrevería a decir que es algo habitual que grandes genios de la aguja pongan fin a su a su vida, incapaces de soportar los vaivenes de la profesión, del amor, o del olvido.

Vidas rotas que demuestran que más difícil que alcanzar la fama, el reconocimiento, es saber asumir los cambios, las presiones, con naturalidad. Mota parecía que lo había conseguido, pero no. Tras su amplia sonrisa, sus ojos siempre abiertos a cualquier innovación, su capacidad para situar a Pronovias en el número 1 del sector, decidió por poner fin a su vida, y seguramente a un dolor que le asfixiaba. Un dolor que solo él conocía, y al que decidió poner fin de forma drástica, sin que nadie pudiera hacer nada por evitarlo.

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