Diario de León

Anorexia a los cuarenta

Aumentan los casos de esta dolencia entre las mujeres de esta franja de edad.

Natalia, mientras desayuna con sus compañeras del centro.

Natalia, mientras desayuna con sus compañeras del centro.

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A. S. / G. DEL ROSARIO | (efe) Barcelona

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Araceli y Natalia ya han cumplido los 40 años pero todavía siguen luchando contra la anorexia. Su rival no es solo un plato de comida, es una personalidad desbordada por los problemas que arrastran y que se intensifican con la madurez. Intentan superar el miedo a la vida. Los casos de trastornos de la conducta alimentaria, la mayoría en mujeres, han aumentado en los últimos años en las dos franjas extremas de edad, tanto en las adolescentes como a partir de los 30 años.

Montserrat Sánchez Povedano, directora del Instituto de Trastornos Alimentarios (ITA) de Barcelona, explica que en España el ‘boom’ de la anorexia se produjo en los años 80 y 90 y las niñas afectadas de entonces son ahora las mujeres adultas cuya enfermedad se ha cronificado. Eso es lo que le ocurre a Natalia Simón. Una ingeniera química que con 40 años recién cumplidos ha tenido casi siempre a la anorexia instalada en su vida.

«Me siento defraudada de mi misma y de la vida. Creo que he vivido más como enferma que como persona sana y eso me dificulta vivir los buenos momentos y sí amargarme por los malos», comenta emocionada cuando habla.

Natalia sigue ahora un tratamiento integral ingresada en el ITA, una institución privada que además de abordar la prevención de la enfermedad y la restitución de la salud, también se centra en la rehabilitación y reinserción del paciente en su entorno.

Enferma sin saberlo

Araceli Salas lleva 25 de sus 45 años conviviendo con la anorexia, aunque durante mucho tiempo no fue consciente. Consideraba que su forma de vida era sentirse «la más especial, la más inteligente, la que ganara más premios, más éxitos laborales. Eso me llevaba a un grado de exigencia que pagaba con la comida».

«Iba reduciendo la comida, la ensalada era cada vez más pequeña. Tenía una regla de tres: si como una ensalada y estoy así de gorda, si como otra cosa estaré más gorda todavía. Cada vez las ensaladas eran más pequeñas y así caí en un bucle. Me tuvieron que llevar a urgencias porque no podía levantarme de la cama”, recuerda conmovida.

Natalia y Araceli libran una guerra diaria, sobre todo contra ellas mismas. Y cuando ganan una batalla, la esperanza asoma la cabeza.

«Hay una pequeña parte de ti —dice Natalia— que piensa que vale la pena luchar. Han sido muchas las veces que me he caído y me he tenido que levantar».

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