CORNADA DE LOBO
Degenerados
Tiene Durru siembre a flor de boca un término para definir a los políticos que van «de ala» primero y «de cazo» después: degeneraos, que son todos unos degeneraos.
Pero le añade Sócrates que lo paradójico es que no pocos de ellos apelen hoy a la necesidad de una regeneración nacional política y moral que nos libre de esta cota de mierda y glamour que nos llega al pescuezo. Y cacareando su huevo ético recién puesto aquí va Esperanza Aguirre: «España necesita una regeneración» (ahí la tienes, bailalá, bailalá, no le quites el mandil).
En el siglo XIX ya fue el «regeneracionismo» una corriente política inspirada por Joaquín Costa, aquel aragonés brioso, librenseñante y profético empeñado en desafricanizar España y cuyo lema fue bien explícito: Escuela, despensa y siete llaves para el sepulcro del Cid . Insistía él en la urgencia de invertirlo todo en educación y reforma agraria para que Europa comenzara a respetarnos. No poco de lo que sostuvo (sus batallas contra el caciquismo oligarca, la redención del campo, contrato laboral, seguros, retiro) sigue hoy, más que vigente, palmariamente urgido. No será nada ocioso volver a leer su obra, aunque ahí confirmaremos haber perdido un siglo sin que intuyamos todavía esa tragedia. Somos así.
Regeneración.
La pregunta es: ¿puede regenerarse quien se instaló años y años cómoda e impunemente en la degeneración y sólo se percató de ello cuando tiraron de la manta y se le vio el culo?... se tienen serias dudas, el delincuente no suele arrepentirse de sus fechorías y sólo lamenta que le hayan pillado por algún cabo suelto que dejó o por un cabo atado que le delató... ¿cómo podría pasar un individuo de degenerado a regenerador?... perdonen sus señorías, pero nadie creeríamos estas conversiones, así que procede solución cirujana: al agresor de dineros públicos sólo le cabe una orden de alejamiento de cualquier caja del común o institución, no acecarse a la víctima a menos de dos kilómetros en muchos años... o confinarle en algún islote perejilero, un Alcatraz ibérico que hay que construir a toda carrera, pues de seguir suelta esta tropa, no estarán seguras ni las gallinas del corral del señor Anselmo.