Diario de León
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Liturgia dominical

JUAN CARLOS FERNÁNDEZ MENES

En la liturgia de este Domingo encontramos una anticipación de lo que celebraremos en los días del Triduo Pascual. Puesto que la celebración del misterio pascual contiene aspectos de muerte y de vida, fracaso y triunfo, los ritos de este domingo se estructuran en torno a dos ejes: procesión aclamatoria en honor de Cristo y lectura solemne de la pasión en la Misa. Debemos distinguir ambos aspectos, así como su mutua dependencia. Antes de adentrarnos en la Pascua, nos detenemos a considerar que Jesús es Rey. Pero su realeza no consiste simplemente en la posesión del dominio universal, sino que ha sido conquistada al precio del sacrificio de su vida. Ha alcanzado la realeza pasando por la Cruz (como nos dice también la 2ª lectura). Ha alcanzado el pleno dominio gracias a la obediencia perfecta a la voluntad del Padre. Nuestro Rey es un Rey doliente que, en la total posesión de su imperio, conserva las cicatrices gloriosas de las llagas. Precisamente este Domingo nos ayuda a p0enetrar en el sentido de esta paradoja.

Cada relato de la pasión tiene sus propias características. Del de Lucas únicamente subrayaremos algunos rasgos. Uno profundamente humano es la mirada que Jesús dirige a Pedro, una mirada en la que el maestro debió mostrarle todo su cariño y todo su deseo de volver a acoger al amigo cobarde —una vez más nos sale al paso la imagen del padre bueno de la parábola, imagen que Jesús ya ha encarnado en el episodio de la mujer adúltera—. Un segundo rasgo nos presenta un Jesús en el que brilla la ternura, la mansedumbre, la humanidad, la misericordia: Jesús dice una palabra de consuelo a las mujeres de Jerusalén que lloran al verle pasar, perdona a los que le han llevado a la muerte «porque no saben lo que hacen», y ofrece el paraíso al ladrón que le pide se acuerde de él en su Reino. Un tercer rasgo está en las últimas palabras de Jesús: «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu». Jesús muere dulcemente en las manos de su Padre, a quien se entrega confiadamente.

Otro aspecto importante del relato de Lucas se refiere a aquellos con los que Jesús se encuentra en su camino hacia el Gólgota. Por una parte está Simón de Cirene, del que únicamente sabemos que volvía del campo y le cargaron la cruz para que la llevase detrás de Jesús. El texto parece indicar que Simón llevó la cruz no voluntariamente, sino porque le cargaron con ella —así lo afirma Marcos—. Los otros personajes son aquellas mujeres que «se daban golpes y lanzaban lamentos por él». Estos personajes son dos símbolos de las actitudes existentes en el seguimiento de Jesús, quien había dicho: «El que no tome su cruz y se venga conmigo, no puede ser mi discípulo». El seguimiento, y no la imitación, es una actitud fundamental en aquel que quiere ser discípulo de Jesús.

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