Diario de León
Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

Liturgia dominical

JUAN CARLOS FERNÁNDEZ MENES

El evangelio de este domingo nos ofrece un «test» de vida cristiana, también para hoy: una parábola que Jesús pronuncia por algunos que se creían buenos y seguros de sí mismos (de lo que pensaban y de lo que hacían) y despreciaban a los demás. Tres características muy presentes en nuestros días.

El fariseo muestra en el templo que le importa la oración y la realiza, pero su palabra y su actitud está vacía; sólo busca su grandeza y la bondad externa. En cambio, el publicano se descubre ante Dios hundido en el pecado y por eso pide ansiosamente auxilio. Sabe que no se puede apoyar en lo que tiene y busca la salvación en Dios. Por eso reza con humildad. En ese momento ya no importa su pasado pecador. Sólo cuenta un hecho: allí donde un hombre decide levantar sus manos suplicantes a Dios implorando bendición y ayuda, allí se realiza la oración auténtica.

En la oración el fariseo agradece a Dios el ser como es, satisfecho de sus obras y méritos. La del publicano es oración de petición desde el abatimiento y la confusión. Curiosamente el final es paradójico. El que se tiene por pecador volverá a su casa limpio y el otro no. El motivo es evidente. La salvación es obra exclusiva de la misericordia de Dios. Nuestras obras no nos dan derechos ante Dios ni exigen su abrazo. La salvación es regalo sin merecimiento por nuestra parte. Por eso, la seguridad no puede residir nunca en nosotros mismos, sino en la bondad de Dios. Es curioso que cuanto más seguros estamos de nosotros mismos, más nos alejamos de entender y recibir la salvación. ¡Qué pena no entender que el amor gratuito de Dios es mejor título que el que nos otorgan nuestras obras! ¡Cuántas angustias, escrúpulos, tensiones, depresiones, infantilismos, se evitarían! ¡Qué horizonte de paz, de esperanza, de gratuidad se abre a nuestra vida! Cuando queda claro que nuestra seguridad reside en la misericordia de Dios y que no es un derecho de nuestros méritos, podemos llevar este alivio psicológico y espiritual a los demás. Así la gracia se convierte en compromiso.

Dios nos ama sin condiciones. Tal como somos. Y ama también a nuestra gente, con sus errores y pecados. Esto es la realidad decisiva que lo cambia todo y nos permite a los creyentes vivir la historia desde la seguridad definitiva del amor salvador de Dios.

Los cristianos creemos también hoy en la salvación de todo hombre. Una salvación que permanece como tapada en la ambigüedad de nuestro pecado e impotencia. Una salvación gratuita e inmerecida, que es don de Dios y, por eso, segura. De ahí que toda oración deba ser humilde y confiada.

tracking