Diario de León
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Liturgia dominical

JUAN CARLOS FERNÁNDEZ MENES

Esa pregunta manifiesta que el ser humano busca a quien le libere de sus problemas y conflictos insuperables. Ante las necesidades, aparecen «salvadores» que prometen arreglar todo y darnos seguridad: los líderes políticos, los consultorios sentimentales, el horóscopo... A veces son quienes nunca han prometido nada ni tienen intención de hacerlo: cantantes, futbolistas, actores de cine o teatro... Son los ídolos que se enseñorean de nuestras vidas porque así lo aceptamos. Pero ¿ellos son el salvador que necesitamos?

Porque ¿qué pueden ofrecer? ¿Pueden responder con la firmeza de la respuesta de Jesús? ¿Podrán presentar, no promesas y bonitas palabras, sino hechos claros y aplastantes, como hizo Jesús? Nuestros pequeños salvadores actuales no pueden salvar íntegramente al hombre; cierto que su acción es, en ocasiones, realmente salvadora, pero nadie podrá atribuirse el ser capaz de salvar al hombre. Nuestros pequeños salvadores de hoy pueden resolver problemas, pero no salvar al hombre en su totalidad.

Por otro lado, la pregunta desde la cárcel de Juan produce escalofrío. ¿Cómo es posible que Juan dudara, cuando estaba llamado a abrir camino al Mesías?. La duda de Juan nos abre camino para entender que Dios es lo más esperado, pero también lo más sorprendente; no actúa según nuestros criterios ni se adapta a nuestros programas. Si Cristo se volviera a encarnar hoy, ¿lo reconoceríamos? Dios rompe siempre nuestros esquemas. Efectivamente, si Dios se hace presente, no lo hace como y cuando esperamos. Siempre nos sorprende, porque quizá llega, no en la oración o en los Sacramentos, sino en el dolor, el fracaso, el trabajo, o el pobre.

Por eso hay que estar muy atentos a los signos que él ofrece. Serán signos de liberación y de amor: «Los ciegos ven... y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia». ¡Atentos a las señales! ¿Dónde recuperan la vista los ciegos, se limpian los leprosos y se liberan los esclavos y viciosos? ¿Dónde se iluminan los descreídos y se entusiasman los desencantados? ¿Dónde son evangelizados los pobres, se superan situaciones injustas y se promueve el verdadero desarrollo? ¿Dónde se practica el compartir y se crea verdadera comunidad? Habría más preguntas, pero lo que importa es la realidad. «¡Nadie que haga milagros en mi nombre podrá hablar mal de mí! Porque el que no está contra nosotros, con nosotros está».

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