Camino de la cruz
Liturgia dominical
JUAN CARLOS FERNÁNDEZ MENES
En este Domingo aparecen las dos caras centrales del misterio pascual: la vida o el triunfo (la procesión de ramos), y la muerte o el fracaso (la lectura de la Pasión según uno de los evangelios sinópticos). Debido a estas dos caras, se habla de «Domingo de Ramos» (cara victoriosa) o de «Domingo de Pasión» (cara dolorosa). Es ir entrando en la contemplación del camino de Jesús que, por amor, da la vida. En la cruz, entre las tinieblas que la acompañan, se oye su grito: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» Aquí se concentra todo el mal, todo el dolor, todo el pecado de la humanidad entera. Jesús experimenta la tristeza, el abandono de la muerte. Incluso se siente abandonado por aquel Dios a quien él llama Padre con tanta ternura.
El encuentro de hoy recuerda la aclamación alegre de la gente que, en Jerusalén, recibe a aquel profeta que llega de Galilea y proclama la Buena Nueva del amor inmenso y transformador de Dios. Nosotros nos unimos a aquella aclamación y afirmamos que el camino de Jesús nos atrae con fuerza profunda. Afirmamos que queremos seguir este camino, seguir a Jesús, estar con él. Por eso, este domingo, tras la escucha del relato de su pasión y muerte, nos enseña las consecuencias que tiene aquel camino. Jesús defiende el amor a todos los hombres más allá de las normas; se acerca a los pobres y débiles y les dice que son los preferidos de Dios; se opone a la mentira y la dureza de corazón; llama a vivir de una manera distinta, sostenida en la bondad inagotable del Padre. Pero todo esto choca con el muro de nuestros pecados cerrazones, abusos, opresiones, falsedades. Y Jesús estorba. Por eso es detenido, torturado, ejecutado en una infamante cruz. Mirándolo a él, colgado y agonizante en la cima del Calvario, percibimos que, si queremos seguir su camino, tenemos que cambiar mucho. Nosotros, queramos o no, formamos parte de este mundo a quien Jesús estorba, porque aún pensamos y vivimos demasiado según los criterios de este mundo.
Hoy, al comenzar la Semana Santa, debemos acercarnos confiadamente a Jesús y pedirle, una vez más, que nos transforme y ponga en nuestro corazón su mismo Espíritu. Y también que nos haga vivir con mucha fe estos días santos que empiezan. Tanto si nos quedamos en nuestro lugar habitual como si vamos fuera, estos días deben ser de contemplación y agradecimiento. Porque Jesús muere por nosotros y nos abre un camino de vida. Él nos sigue llamando, siempre, sin cansarse, a seguirlo. Camino de la Cruz, que es camino de la Luz.