Diario de León
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León

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Liturgia dominical

JUAN CARLOS FERNÁNDEZ MENES

En la II lectura de este domingo, S. Pedro nos invita a dar razón de nuestra esperanza a quienes nos pregunten. Es claro que el mundo nos mira y espera de nosotros una señal de luz. Si vivimos como si no tuviéramos fe, mal podemos convencer a nadie. Pero dar razón de nuestra esperanza no intenta atraer a otros a nuestra causa, sino mostrar que vivimos con esperanza, a pesar de todo. Así haremos que nuestra vida sea la mejor denuncia frente al egoísmo y la insolidaridad del mundo, que son la causa profunda de las crisis que estamos padeciendo. No vale sin más dar razón de nuestra esperanza con buenas palabras; hace falta el compromiso con los marginados, los débiles, los enfermos, los disminuidos, los deficientes, los mendigos, los olvidados de la sociedad. La fe en Cristo compromete a amar y a guardar los mandamientos, que se sintetizan en el amor.

En el evangelio Jesús nos avisa de la ceguera de no verle a él ni al Espíritu que el Padre enviará, lo que impedirá la acogida propia de todo cristiano. Hoy predomina una perspectiva profana de Jesús: un personaje de la historia que predicó una concepción nueva de la humanidad, irrealizable en la práctica. No es así nuestra fe, pero el hecho nos cuestiona si nosotros, además de un hombre histórico, lo aceptamos también como Dios. Habremos de profundizar en el fundamento de nuestra fe y pasar a dar razón de la misma como ayuda a los demás. Cristo es mucho más que un benefactor o alguien que soluciona los problemas de la vida. Lo que no quiere decir que no podamos pedirle lo que necesitemos. Bueno es recordarlo en el día de la Pascua del Enfermo.

La acción del Espíritu se realiza en nosotros y reaviva la conciencia de nuestro bautismo, contra la costumbre de sabernos ya hijos de Dios y de olvidarnos de darle gracias por ello. No puede pasar desapercibida la exigencia de vivir de acuerdo con nuestra nueva condición.

Hay además otra presencia efectiva, insinuada en la II lectura: Cristo está en la Iglesia. No cabe, pues, mirar a ésta con criterios mundanos. Integrada por pecadores, es lógico que sea limitada y se parezca demasiado a otras instituciones terrenas. Hoy es buen día para reforzar hoy nuestra fe en la Iglesia, pues sabemos que está guiada por el Espíritu. En la Iglesia creemos no por la perfección de sus miembros, sino porque en ellos vive y actúa el Espíritu Santo.

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