Diario de León
Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

Liturgia dominical

JUAN CARLOS FERNÁNDEZ MENES

El cristianismo abunda en hermosas palabras, pero lo más importante son los hechos, las obras comprometidas, la fraternidad diaria al lado de cada persona y sus necesidades . Por eso no se trata de repetir «Señor, Señor», sino de cumplir su voluntad, que claramente pide justicia, amor, paz y unidad entre los hombres. Orígenes, uno de los primeros pensadores cristianos, decía: «Tú que sigues a Cristo y lo imitas, tú que vives en la Palabra de Dios..., no es el santuario el lugar en el que has de buscarlo, sino en los actos, en las costumbres... Si son según Dios, poco importa que estés en casa o en la calle...; si sirves al Verbo de Dios, ya estás en el Santuario, no te quepa duda alguna». Lo importante es cumplir la voluntad del Padre. Pero eso no implica que las «formas» sean irrelevantes. En el evangelio, el padre hubiese quedado más satisfecho si a las palabras educadas hubiese seguido un trabajo efectivo de los hijos en la viña. Las «formas» también son «hacer» si conllevan compromiso activo. Ante un mundo de necesitados (la viña), podemos preguntarnos si reaccionamos con palabras huecas o con hechos. No han faltado personas creyentes que han empujado la historia hacia el Reino; pero deberemos reconocer que, como comunidad, la respuesta efectiva no se ha dado siempre. ¡Cuántos testimonios heroicos de cristianos quedan devaluados al considerarlos como excepción que confirma la regla! Viña que arar no falta: hambre, explotación, violencia, paro, droga, exclusión... Nada de esto es voluntad del Padre. Tendrá que ser toda la comunidad de discípulos la que se enfrente a esas vergüenzas. Los que agradan a Dios son aquellos que se ponen de verdad a trabajar en la viña -»el camino de la justicia» enseña Jesús-, aunque manifestaran su rechazo a ir. Esto, que es de sentido común, le sirve a Jesús para descalificar a los que creen agradar a Dios por estar constantemente con su nombre en los labios, mientras se comportan como si Dios no existiera.

¿De qué sirve hablar de amor, de fraternidad, de justicia... si solamente hablamos? Los cristianos debemos saber que, en realidad, no creemos lo que decimos con los labios sino lo que expresamos con la forma de vivir. Hemos llenado de palabras muy hermosas la historia, construido sistemas doctrinales monumentales, formulado miles de consejos perfectos, pero el verdadero creyente es aquel que sabe traducir en hechos el Evangelio de Jesús.

tracking