Carta sin sello
Querido Sam:

No te lo vas a creer, el piano que tocabas en Casablanca ha sido vendido en 3,4 millones de dólares. Nada se conoce acerca de quién lo ha adquirido. Para mí que ha sido ella, Ilsa. Sería hermoso. ¿Tal vez, Rick? No es su estilo, ni su cuenta corriente. El corazón de un romántico tiende a la ruina, cuando no al desahucio. Recordar es gratis, pero pasa factura. ¿El capitán Renault? Demasiado dinero para un pensionista, aunque aquel fuese el comienzo de una gran amistad. Además, Rick de tener esa fortuna la estaría destinando a causas perdidas, sus preferidas. Tal vez, sí hubiera pujado por la partitura de «As time goes by», porque como cantas en ella: «las cosas esenciales son aquellas que permanecen/ mientras el tiempo va pasando». Por cierto, ocultabas en el interior de aquel piano de 58 teclas los salvoconductos para los fugitivos del nazismo. Con dos bemoles. La historia de Casablanca terminó bien, pues el amor renunciaba por amor al amor. Feliz final infeliz. Y si el misterioso comprador fuiste tú, viejo amigo, entonces Sam...
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