Diario de León
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julia navarro
León

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L o quiera o no el presidente Rajoy, el debate sobre la reforma de la Constitución ya está en la calle. Eso sí, según dejó dicho la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría en el Congreso, en las encuestas del CIS una amplísima mayoría, nada menos que el 65%, no quiere que se reforme. Luego hay un 15% que sí es partidario de una reforma. Pero entre los que quieren, y los que no quieren, la realidad es que el debate está servido y como suele suceder con estos asuntos todo el mundo tiene una opinión.

Pedro Sánchez se ha convertido en el adalid de la reforma y aunque Rajoy le ha dicho que él no está por la labor, el líder socialista ha dicho que no va a parar en su empeño. Como estos días la Constitución ha cumplido años, 36, hemos escuchado y leído un sinfín de opiniones de expertos que tampoco se terminan de poner de acuerdo. Pero lo más inquietante es escuchar a los representantes de los partidos nacionalistas decir que como su objetivo final es la independencia cualquier reforma que no camine en darles esa oportunidad no les sirve. De manera que aunque PSOE y PP logran un acuerdo para llevar a cabo esa reforma nos encontraríamos con un problema si esa reforma no es ampliamente aceptada por todos los grupos políticos.

Pero hay más. No sería admisible que la reforma de la Constitución la cocinaran socialista y populares circunscribiéndola a lo que a ellos les parezca oportuno. El soufflé va creciendo cada día que pasa de manera que Rajoy bien haría en intentar tomar las riendas del asunto en vez de encastillarse.

Pero tampoco se puede despistar a los ciudadanos asegurándoles que con la reforma van a desaparecer los problemas que hoy padecemos.

Que España se convierta en un Estado Federal puede ser un acierto si todos los partidos, incluidos los independentistas, aceptan que un Estado Federal es una suma entre iguales. Pero si el estado federal pasa porque unos territorios tienen más autonomía que los otros, entonces en vez de arreglar un problema se habrá agravado.

Aunque el 65% de los ciudadanos no estén por la labor de la reforma, el debate cala en la calle como la lluvia fina.

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