Vales lo que eres capaz de dar
Liturgia dominical
En el evangelio unos paganos manifiestan que quieren ver a Jesús. Buscan un feliz encuentro con el mismo Dios, que se manifiesta en Cristo. Hoy Jesús sigue interesando vivamente a los hombres que, aun sin saberlo, claman por Él y por su Evangelio.
Muchos buscan una renovación profunda. De ahí nuestra responsabilidad de presentar una imagen correcta de Jesús, sin recortes ni deformaciones, que no olvide el fruto final, que es la victoria definitiva sobre el mal. El camino de esta victoria es el camino del grano que muere (el «aprendizaje en los sufrimientos» de la segunda lectura).
La vida de Cristo sigue atrayendo, porque está totalmente entregada al Padre y a los hermanos. ¿Quién es capaz de entregarse hasta ese extremo? Un buen discípulo es el que le sigue en esta forma de entrega.Él nos dijo: «El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guarda para la vida eterna». ¿Captaremos todo el dinamismo de amor que hay tras esas palabras? El mismo Jesús nos da el significado: «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto». Caer en la tierra, arraigar donde estamos, hacer nuestros los problemas del vecino, pudrirse para dar fruto, perder para ganar, morir para resucitar...
El «saber perder la vida» por los demás ¿nos lleva al servicio de los más pobres? ¿Estamos volcados en el servicio a los que sufren, los ancianos, los enfermos, los deficientes, los jóvenes, los parados, los marginados, los que se hallan faltos de amor y de fe? ¿Son los arrinconados por la vida la referencia auténtica de nuestro vivir cristiano? ¿Buscamos conocer en detalle qué pasa con los más necesitados de nuestro entorno? ¿Adoptamos un estilo de vida solidario con ellos? ¿Qué llegamos a compartir: lo que nos sobra o lo que necesitamos? ¿Nos educamos para la solidaridad y la justicia? El nuevo orden inaugurado por la vida y muerte de Jesús tiene el sentido del grano de trigo que, si no se pudre, no produce la espiga. Es la fraternidad, la entrega por los hermanos hasta la muerte. Así es como el hombre gana su vida. Es el camino de la fecundidad. Es preciso entender que el orden injusto llevó a Jesús hasta la muerte. Esa muerte es la hora de su verdad, de la verdad de su mensaje y de su vida. En ningún sitio como en la cruz se revela la verdad de Jesús, que es la de Dios. Por eso, ante la cruz, señal de los cristianos, es donde hemos de aprender la gran lección de optar por vivir entregados a Dios y a los demás.