Diario de León
Publicado por
JUAN CARLOS FERNÁNDEZ MENES
León

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Liturgia dominical

Excluir por «no ser de los nuestros» es signo de una soberbia que nos erige en poseedores únicos de la verdad., con derecho a discriminar y excluir. Nos diferencian el sexo, la edad, la lengua, la nacionalidad, la religión, pero esto debe ser fuente de riqueza mutua, y nunca justificación de desigualdad. Todos formamos parte de una misma familia, la humanidad.

En Roma, en las guerras entre César y Pompeyo, éste, desconfiado, trataba como enemigos a los que no se manifestaban abiertamente a su favor, mientras que César, más inteligente, consideraba aliados a los que no luchaban contra él; estas diferencias dieron la victoria a César. Jesús nos llama en el evangelio a esa misma generosidad y apertura hacia los otros: el que no está contra nosotros, está con nosotros.

Los cristianos, en vez ver enemigos por todas partes, hemos de contar con todos los hombres de buena voluntad. La frase «no es de los nuestros» es un veneno que nos lleva a maldecir las palabras y los hechos que se no se hacen expresamente en nombre de Jesús. Mensaje y afán cristianos es trabajar por la unidad y abar con las divisiones. Estamos contra la desigualdad, la injusticia, la explotación, y a favor de desenmascarar toda ideología que pretenda discriminar por cualquier capítulo. Jesús nos enseña que nuestros son todos los que no están expresamente contra nosotros. ¿Consecuencias? Alegrarnos cuando se trabaja desde otras instancias por los valores del Reino de Dios y colaborar con la gente buena, aunque no comparta la misma fe o la misma cultura. La fe cristiana siempre deberá ayudar a que se unan energías a favor de justicia, libertad, igualdad y fraternidad.

También en el evangelio Jesús exige que no arrastremos hacia el mal (eso es el escándalo) a los sencillos que tienen menor preparación. Cosas que a nosotros nos parecen normales (y hasta lo son) pueden hacer mucho daño a otros. Por el bien de éstos, dice Jesús, hay que evitarlas. Jesús termina con la proclamación de la importancia del Reino por encima de todo: hay que renunciar a lo que sea y pasar por lo que sea, para no quedar marginado del Reino. Una llamada que descalifica nuestra rutina y pasiovidad.

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