Diario de León

Cirugía para el hombre árbol

La epidermodisplasia verruciforme, que Abul sufre desde los 4 años, es una enfermedad no contagiosa de la que apenas se conocen unos pocos casos en todo el mundo.

Abul Bajandar, paciente diagnosticado con epidermodisplasia verruciforme diagnosticada desde los 4 años. EFE/Abir Abdullah

Abul Bajandar, paciente diagnosticado con epidermodisplasia verruciforme diagnosticada desde los 4 años. EFE/Abir Abdullah

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EFE | dacca

El conocido como hombre árbol , un joven que ha desarrollado una extraña dolencia con pesadas verrugas con apariencia de cortezas de árbol en manos y pies, fue operado hoy por primera vez y con «éxito» en el principal hospital público de Bangladesh, informó a los m edios una fuente médica.

Un equipo de nueve especialistas operó durante más de tres horas la mano de derecha de Abul Bajandar, de 26 años de edad, dijo el doctor Samanta Lal Sen, coordinador de la unidad de quemados y cirugía plástica del Hospital Universitario de la ciudad de Dacca.

«La primera operación ha sido un éxito. Ahora tenemos que hacer pruebas y análisis en profundidad y luego procederemos a operar el resto de sus extremidades dentro de tres semanas», indicó la fuente. Según Sen, el paciente se encuentra «bien», está animado e incluso «sonríe» a los visitantes.

Las verrugas empezaron hace una década a inutilizar poco a poco las manos y pies de Bajandar, oriundo de una pequeña aldea de la provincia meridional de Khulna y que fue ingresado a finales del pasado mes de enero en el centro médico de la capital bangladesí.

La dolencia, epidermodisplasia verruciforme, es una enfermedad no contagiosa de la que apenas se conocen unos pocos casos en todo el mundo.

De acuerdo con el doctor Sen, «a priori no existe cura posible», por lo que el objetivo de la operación realizada es «proporcionar un alivio al paciente, mejorar su condición e intentar conseguir que sus manos y pies vuelvan a ser funcionales, pues en la actualidad no puede valerse por sí mismo».

Lamentablemente las verrugas volverán, sin embargo, a crecer con el tiempo. Eso, hoy por hoy, es inevitable

Abul, que vive con su esposa y una hija de 3 años, se ganaba la vida conduciendo furgonetas, pero tras perder la funcionalidad en las manos tuvo que dedicarse a mendigar para salir adelante. En un primer momento acudió a homeópatas de su pueblo, luego fue transferido al principal hospital de su provincia y en los últimos cinco años ha visitado en varias ocasiones a doctores de la ciudad india de Calcuta, que le acabaron confirmando que no había cura para la enfermedad y que solo tenía como alternativa operarse.

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