Diario de León
Publicado por
pEDRO TRAPIELLO
León

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Silencio, motor, sonido, se rueda... friiisss, friiisss, friiisss... rítmicamente, dos chorrillos de leche a propulsión guiados por mano y oficio van llenando el caldero y haciendo ahí una colcha de espuma tibia... silencio, se ordeña... cayó el sol, volvieron las vacas del prado con la ubre hinchada y una a una las irá ordeñando el señor Claudio, siempre dejando más de media tarea a su Sagrario, que se da mejor maña y aguanta más porque ella va urgida y aún le aguarda faena en la cocina y el corral; cuando él acabe, cenará sus sopas de ajo y huevos fritos y se irá a hacer un rato de oficina a la cantina hasta acostarse... la cuadra es pequeña, el techo bajo, la bombilla tacaña y el aire espeso de vahos, orín, boñiga y yerba, brisa amoniacada que desinfecta los bronquios... quien ordeña lo hace sentado en tajuela de pata corta con el caldero entre las piernas y apoyando a veces la cabeza en la panza del animal... o arremetiéndole cornada de boina en los ijares con el ¡tate quieta, Paloooma!, Navaaarra, Liiinda, hartitas ellas de tanto tirón rudo en sus tetones... la tarea de ordeño es lenta y las vacas son trece... arrea, Claudio, arrea... pero la tarea no acaba, sólo comenzó, después hay que faenar esa leche: con una parte hará Sagrario cada día seis quesos de pata de mulo que venden fresco una tienda de San Mamés y otra de Ordoño; sesenta litros los recogerá el camión de la fábrica de Aly... y las últimas cuatro cántaras irá a venderlas a la ciudad la sobrina Amparo, una de las treinta afamadas lecheras de Villaobispo o Carbajal que cada mañana van por calles y pisos con cántara y medidor sirviendo frescura del día a una clientela leal y grata... silencio, se rueda ahora en ese piso que perfuma el vapor de la leche que reza en su hervidor al fuego, pasteurización elemental... cuando enfríe, un dedo de nata cubrirá todo y, después, la rebanada de pan con azúcar, merienda de la crianza... leche del productor al consumidor sin «intermedios», leche entera sin que la desnate el llambrión, una leche que es ¡la leche!... y ahora, tómate esa otra leche de excedente francés, cara y desnatada... después, recuerda lo que no defendiste... y rabia.

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