A Dios le ponen los cuernos

miguel ángel molina
maría ruiz | granada
El amor bien vale renunciar a un papado o eso ha debido sentir el ya exresponsable de la Iglesia de El Palmar de Troya, que ha renunciado a su papado bajo el nombre de Gregorio XVIII para apostar por una nueva vida con una técnico de Monachil (Granada) ante un revuelo del que ambos quieren huir.
La historia entre Isabel y Sergio podría ser de esas de «chica conoce a chico», se reencuentran tres décadas después, el amor se hace fuerte y comienzan juntos una nueva vida de tranquilidad y arrumacos.
Todo, si no fuera porque Sergio, exseminarista y exmilitar de origen murciano, se convierte también por obra del romanticismo en expapa, ya que ha decidido apostar por el amor y dejar así de dirigir la llamada Iglesia Cristiana Palmariana de los Carmelitas de la Santa Faz, con sede en El Palmar de Troya, cerca de Utrera (Sevilla).
El que fuera hasta hace unos días el tercer papa de la Iglesia Palmariana, rechazada por la Iglesia Católica y que incluye entre su santoral a Franco, Adolfo Hitler o el cardenal Francisco Ximénez de Cisneros, dice haber perdido la fe y se ha trasladado, «papamóvil» incluido, -aunque sea reconvertido en un vehículo de alta gama- al serrano pueblecito granadino de Monachil.
Dice el refranero popular que la fe mueve montañas pero ha sido el amor a Nieves Triviño, técnico del Ayuntamiento de Monachil, organizadora de fiestas locales y muy conocida en el municipio, lo que ha hecho que el «expapa» haya cambiado a su congregación por estas calles recogidas a las faldas de Sierra Nevada. «He venido a vivir en paz, he pasado página y punto», ha sentenciado el enamorado, que ha exhibido antes los medios de comunicación las mismas dosis de opacidad que han caracterizado a la Iglesia Palmariana, que ha abandonado para emprender una nueva vida.
Nieves Triviño ha detallado a Efe que es «una curranta que quiere pasar desapercibida» y que su vida es «muy normal», aunque el revuelo que ha ocasionado su noviazgo en Monachil, pueblo de algo más de 7.000 habitantes, haya cambiado de momento su rutina diaria. «Él ha pasado página y yo quiero pasar desapercibida».