CORNADA DE LOBO
Agua bendita
Qué razón tiene Luisito: es contrasentido que en la capital del vino del Duero zamorano, esa ciudad de Toro que vigila el río encumbrada sobre barrancas, hayan bautizado como «Agua» la enésima edición de Las Edades del Hombre, memorable ciclo de exposiciones de arte religioso que ha desfilado por ciudades leonesas y castellanas y que, por reeditado, empieza ya a renquear, a estirar su «ya visto» y a pedir segunda fase que podría llamarse Las Edades del Hambre, atendiendo no sólo al arte histórico, sino al arte de sobrevivir reviviendo un cristianismo serio en estos tiempos en que el hambre, la guerra, el desierto o la inundación provocan estampidas y migraciones como jamás se vieron. Mejor aún, «Las Edades del Hambre y de la Sed de Justicia», y así se arriman algo a la bienaventuranza evangélica, qué menos, y a la furia contenida que asalta al papa Francisco cuando asiste al drama insólito y vergonzante de millones de refugiados que no alcanzan siquiera a las migajas que caen de la mesa del Epulón europeo porque cerró la puerta de su casa y en el felpudo que antes decía «bienvenido» ha pintado una esvástica.
Volvamos a Toro y al Aqua («tengo un Toro que me da vino y un León que me lo bebe», se lamentaba Alfonso IX).
Vino y agua casan feo y, sin embargo, se llevan bien; siempre se echó algo de agua al vino, ya fuera por rebajarle fuerza o por estirarlo, que siempre iba escaso. Agua echan al vino de misa en el cáliz y, en las bodas de Caná, Jesús convirtió agua en un vino de reserva... de modo que quizá no anden tan errados llevando Aqua a la cuna del vino más tintorro e indesmayable de España, Luisito, los curas saben de esto. No en vano, ya en la Edad Media, monjes y canónigos controlaban el comercio leonés del vino. Y lo bautizaban, claro.
En Toro dijeron ¡Aqua! y ahora llueve sobre anegado. Acabarán sacando santos «ad petendam serenitatem»... y las katiuskas. La gente de ciudad maldice; y entre la de campo hay quien blasfema. ¿No era el agua de mayo agua bendita?, ¿agua de mayo vale un caballo?...
Y el sacristán dice: «Vino, como un rey; y agua, como un buey».