«Lo dejé todo y lograré una cura para Nacho»
Eva es la madre de un niño con la enfermedad de Dent Con trabajo y coraje ha conseguido 434.000 euros para investigación.

Eva y David con su hijo Nacho, aquejado de la enfermedad de Dent, en uno de sus ingresos hospitalarios. DL
cristina fanjul | león
Hay personas que nos obligan a mirarnos al espejo. Y en la comparación, siempre salimos perdiendo. Eva es esa persona. Una madre, pero no una madre cualquiera, aunque ella preferiría serlo. Pero la vida, a veces, te pone a prueba. Y es entonces, cuando somos arrastrados por la vida y tenemos que responder, cuando comenzamos a comprender qué clase de personas somos. Eva, Eva otra vez. A Eva la vida la metió en el vientre del tiburón. No una vez, ni dos, ni tres. Tantas, que cualquiera habría pensado que era más fácil quedarse dentro. Pero eso no va con Eva. Eva es la madre de Nacho, un niño con síndrome de Dent, una enfermedad muy rara que afecta exclusivamente al riñón, produciendo perdidas letales de sustancias como potasio, proteínas, calcio, fósforo o glucosa. «Nacho es un niño feliz, pero pregunta por qué va tanto al hospital, por qué él tiene que tomar siete medicamentos cada siete horas», dice Eva.
A Eva la esclerosis múltiple que sufre desde 1999 le ha provocado un 49% de incapacidad. Pero Eva no es una persona cualquiera. Un día, en uno de los ingresos hospitalarios de Nacho, uno de esos ingresos que se prolongaban durante semanas, Eva conoció a Santi Millán, aunque sería mejor decirlo al revés. Fue Santi Millán, que acudía al hospital a hacer un reportaje, el que conoció a Eva. «Y Santi se enamoró de Nacho». Era noviembre de 2011. «Mira, Eva, te voy a ayudar, pero si quieres lograr fondos para la investigación de la enfermedad, vas a necesitar mucho dinero». Y Eva ha conseguido poner en marcha dos proyectos de investigación, uno en el Hospital Universitario de Vall d’Hebron y otro en el de La Candelaria. El primero se encarga de la parte molecular y el segundo, de la genética. Eran 434.000 euros ¿imposible?, puede, pero de ese dinero dependía la vida de Nacho. Así que Eva hizo algo extraordinario. Eva se olvidó de su esclerosis, de su 49% de discapacidad y comenzó a entrenar para hacer una de las pruebas más difíciles del mundo, el maratón Titan Desert, una carrera ciclista de montaña en el Sahara marroquí en la que los ciclistas compiten durante seis días. Y Eva, que no es cualquiera, se bajó de la silla de ruedas y lo logró. «El quinto día teníamos que atravesar cinco kilómetros de dunas andando. Mis piernas estaban tan quemadas que me las vendaron. Me pusieron una cuerda y me llevaron arrastrándome a través de las dunas».
Sin tiempo para el desaliento
¿Desaliento? Hay palabras que no existen para Eva. Desaliento es una de ellas. «Si alguna vez me planteara que no lo voy a conseguir, no estaría aquí. Estaría en mi casa, con mis hijos. La base de todo es la motivación». Eva comenzó con un objetivo. «Las cosas se empiezan y se acaban. Lo he dejado todo para conseguir un medicamento para mi hijo enfermo». Así que Eva casi no duerme, «dos o tres horas», y no para. No para ni para pensar, porque cuando lo hace... Eva dejó su trabajo y son cinco de familia. «Yo no cobro de mi asociación ni un céntimo». Pero Eva, que sigue teniendo los mismos gastos, arrastra cuotas de hipoteca y de colegio y tiene multas por no pagar el IBI, «pero no cogeré ni un céntimo del dinero de Nacho». En octubre tiene que afrontar el pago de 72.000 euros de las investigaciones, y en breve le pasarán una nueva fase del proyecto. «No sé cuánto me pedirán en esta ocasión».
Ahora, Eva está de gira, pero no una gira cualquiera. Eva llena los cines de toda España con el documental El reto de Eva, dirigido por Eloi Tomás. Esta semana se proyectó en el Festival de Cine y Televisión y ayer recibía el premio del Director. Un consejo: véanla. No es una historia cualquiera. Hay pocas historias que nos obliguen a mirarnos al espejo, aunque no resistamos la comparación.