En la maraña de la enfermedad
El ‘rito iniciático’ de los alcohólicos se produce cada vez con menos edad. Hay muchos adictos que lo son a los 14 años. En León, la asociación de alcohólicos rehabilitados, ayuda a 210 enfermos a librarse de las cadenas del alcohol. El tratamiento se prolonga durante una media de cuatro años, pero el miedo a recaer no es tan fácil de eliminar .

cristina fanjul | león
«Comenzó a beber de niño. Pronto se quedó solo, nadie apostaba por él y no tenía dónde retornar. Sólo le quedaba el alcohol. Le conocí bebiendo y cuando quise ver el problema ya estábamos casados. Me decía muchas veces que su alternativa era dejarse morir»...
Es difícil saber cuántas personas sufren la enfermedad porque, en ocasiones, el alcoholismo es una dolencia silenciosa. En la asociación provincial de Alcohólicos Rehabilitados hay 210 enfermos y 120 familiares. Su presidente, Jovino López Pérez, destaca que la institución, con 45 años de experiencia en su mochila, ha ayudado a superar la enfermedad a más de cinco mil personas. «Entre un 20 y un 30% de los pacientes logran una rehabilitación total, sin recaídas. Para el resto es más difícil, pero en un plazo de cuatro años y medio, se sale de la dependencia», destaca. Habla con conocimiento de causa. Jovino es un alcohólico rehabilitado. «La familia es primordial en la recuperación, porque hay muchos dependientes que no ven el problema», recalca, y explica que la prueba más dura llega cuando ves el alcohol y no puedes probarlo. «Además de los efectos psicológicos, hay muchos problemas físicos, como los temblores, la sensación de poder y no poder, los sudores y escalofríos...» A pesar de todo, Jovino López, que superó la enfermedad hace quince años, asegura que no borraría los años durante los cuales tuvo que luchar contra el dragón. «Sé que hubo una etapa dentro de mi vida que no fue vida, pero no, no borraría esos años porque yo no fui a por el alcohol; no quise ser alcohólico», defiende. El presidente de Arle advierte de que son muchos los enfermos que no saben o no quieren saber que lo son. «Si te levantas y necesitas la droga para tu trabajo, para relacionarte con tus amigos o tu familia, entonces, tienes que decidir qué alternativa quieres para tu vida».
Y es que el alcohol forma parte de nuestras vidas y costumbres. Los especialistas avisan de que mucha gente bebe con moderación, de ahí que resulte a veces difícil valorar cuándo representa un problema. Un error común, por ejemplo, es creer que alcohólicos son sólo los que beben mucho. Pero el alcoholismo no sólo lo determina la cantidad de alcohol que se bebe sino los problemas generados por la bebida, aunque se beba poco. Muchos alcohólicos, por ejemplo, no se emborrachan nunca.
«...Le dije que aquella era su última oportunidad, que si en aquella ocasión no lo dejaba para siempre, le dejaría. Sin embargo, trató de salir por la ventana para ir a beber y se cayó, se cayó y se rompió la pierna y un brazo. En aquella parada de autobús volvía pedírselo. Nunca supe qué fue lo que le hizo reaccionar, pero dejó el alcohol. Desde aquel día, recuperó su vida desde la niñez, ese lugar en el que todo se truncó por culpa del alcohol»...
El presidente de Arle lamenta que, a pesar de las campañas informativas, los adictos continúan mostrando recelo en acudir a reuniones públicas. A la de ayer, por ejemplo, que se celebró en Espacio Vías, no asistió siquiera el 60% de los socios. «Sigue siendo una enfermedad silenciosa y a los pacientes les cuesta dar la cara», lamenta Jovino López, que asegura, no obstante, que gran parte de su recuperación comenzó el día en que apareció en televisión junto a su mujer para explicar cuál era su problema.
El alcoholismo es una enfermedad de la voluntad. Cuesta reconocer el problema y cuando el afectado lo niega quizá lo haga porque no tiene claro dejar el alcohol. En definitiva, el autoengaño se convierte en el principal mecanismo de defensa
Los familiares de los enfermos. destacan la importancia de no volver la cara a las emociones que van surgiendo a medida que se atraviesa el proceso de curación. «Sentimos rabia, miedo, desesperación y dolor, pero también amor, porque siempre descubrimos que los enfermos son personas maravillosas escondidas en la maraña de la enfermedad». Los adictos recuerdan que una de las actitudes que habría que desterrar es el reproche. «Se trata de una enfermedad para siempre. Siempre surgirán nuevos sentimientos y problemas», destacan. Además, recuerdan que el apoyo es tan importante cuando se ha superado la enfermedad como al principio, porque el sentimiento de culpa que sufren los enfermos genera mucho sufrimiento. «Yo siempre le digo a mi hermano que le admiro, porque tiene que ser muy duro vivir con el miedo a volver a esas profundidades»...
El rostro de la adicción ha cambiado. El perfil de hombre de mediana edad ha dejado paso a personas cada vez más jóvenes, alcohólicos de fin de semana que, además, consumen junto al alcohol otro tipo de drogas. Y es que, a pesar de lo que pudiera pensarse, la edad a la que los jóvenes comienzan el ‘bautismo por el alcohol’ cada vez es más temprana y son muchos los que comienzan a aventurarse en la drogadicción a los 14 años.