Las emociones desamparadas
Casi diez mil niños de la provincia se encuentran en una situación de grave emergencia económica. Son niños pobres. Las administraciones y las oenegés les suplen las ayudas básicas de alimentación, vestido y vivienda, pero estos niños requieren de una atención psicológica necesaria para convertirse en adultos sanos, una atención que no reciben

Celebración del Día de la Infancia, este año en la Catedral.
cristina fanjul | león
«Los traumas psicológicos son enormes porque la pobreza no es una condición humana, sino una condición del sistema social». Quién así se expresa es antonio Salvador Jiménez, presidente del Consejo Independiente de Protección de la Infancia, Un órgano interdisciplinar constituido por consejeros sin vinculación política, que tiene como finalidad proteger los derechos de la infancia. Antonio Salvador Jiménez destaca que la pobreza es un ‘estigma’ que se hereda, porque el círculo nunca se rompe. «Los niños al nacer no se preguntan por qué no pueden tener determinadas cosas, simplemente se dan cuenta de que ellos no las tienen. El cerebro cumple su función adaptativa», explica el presidente del CIPI. Este experto en infancia destaca que el gran problema surge con aquellos niños que han perdido todo con la llegada de la crisis. «Hay niños que, en cuestión de tres o cuatro años, se han visto sin nada. Con la escasez, llegan las discusiones de los padres y, de vivir una vida cómoda y segura, tienen que dejar su casa porque les desahucian. Se dan cuenta entonces de que sus padres no pueden darles todo lo que necesitan. Todo ello genera grandes traumas».
En la provincia de León, la Junta reconoce que hay 8.066 menores dentro de algún programa de atención a las necesidades básicas, tales como renta garantizada de ciudadanía, servicio de alimentos o ayudas para situaciones de urgencia. Pero, además, la administración ofrece apoyo técnico a otros 1.574 niños para su crecimiento en un ambiente adecuado, apoyo a sus necesidades, a sus familias o corrección de situaciones de posible desprotección. De estos últimos, han precisado de una intervención de mayor intensidad a través de la asunción de la guarda por parte de la Junta un total de 506 menores.
Sin embargo, no existe ningún programa que se encargue de manera explícita de la atención psicológica a los niños en situación de pobreza. «La administración española es muy torpe porque los niños son capaces de adaptarse pero la resiliencia tiene un límite», subraya Antonio Salvador Jiménez.
Y es que si bien es cierto que desde la Junta hay una gran red de protección a las familias desfavorecidas, cuya partida asciende a seis millones, no existe ningún programa que ayude a los niños que sufren situaciones de emergencia social desde un punto de vista psicológico. «Hay ayudas directas y ayudas para pagar la hipoteca. Además, y con el fin de que el auxilio se lleve a cabo desde las administraciones más cercanas, la Consejería trabaja con ayuntamientos y diputaciones», destaca el director general de Familia, Pablo Rodríguez Hoyos. En la provincia de León, estos programas se desarrollan con los ayuntamientos de Ponferrada, San Andrés y León, así como con la Diputación. «Tenemos relación directa con las corporaciones locales y firmamos acuerdos bianuales para dar estabilidad a estas iniciativas», recalca Hoyos. En total, el monto que la Junta dedica a este proyecto en la provincia asciende a 17.149 euros.
Julia. Psicóloga responsable del proyecto en León
En la capital trabajan cuatro equipos integrados por un psicólogo y dos educadores sociales. Julia destaca que lo que se intenta desde este servicio es normalizar y prevenir en dos frentes: riesgo y desamparo. El plan se centra en el apoyo a las familias en aquellos casos en los que se detecta un nivel «significativo de riesgo» para el menor. «Los psicólogos dan sesiones de apoyo y orientación en ocasiones, pero sin abrir un programa», destaca. Y es que la responsable del programa considera que en la mayoría de las ocasiones en las que se sufren problemas económicos, estos se suplen con una «compensación afectiva». La atención se centra de manera fundamental en los programas de ‘Educar en familia’ y la atención psicológica individualizada para el menor sólo se estudia si los padres consideran que sus hijos lo requieren. «Los problemas se evalúan pero hay que recordar que los recursos son limitados y no llegamos a todo lo que nos gustaría», lamenta. La psicóloga municipal asume que las situaciones de pobreza suelen causar frustración y problemas de autoestima en los niños, así como sensaciones de inferioridad. «La pobreza es un factor de vulnerabilidad, pero lo fundamental es partir de la prevención para evitar que los niños lleguen a experimentar todo eso», sostiene.
Asimismo, Julia manifiesta que se trabaja con los padres para que los modelos afectivos sobre los que pivota su desarrollo personal sean referentes válidos. «Los niños son esponjas y absorben todo lo que ven a su alrededor, también el sufrimiento», reconoce. Sin embargo, explica que no se trabaja de manera individual a no ser que haya violencia intrafamiliar. Este plan que desarrolla el Ayuntamiento de León ayuda aproximadamente a entre 80 y 90 familias al año.
Tampoco desde Cáritas o Cruz Roja, el conocido como tercer sector, se han desarrollado programas que atiendan y ayuden a resolver los problemas psicológicos y emocionales originados por la pobreza.
Águeda Bayón. Educadora de Cruz Roja
Cruz Roja tiene un programa de ayuda escolar a niños en riesgo social al que acuden en la actualidad 40 menores. La coordinadora del proyecto admite que todos estos niños suelen tener grandes problemas de autoestima. «Les cuesta encontrar aspectos positivos de sí mismos», destaca. Ella da clases cada día a un grupo de niños de entre 6 y 12 años. «Algunos tienen también problemas para aceptar normas establecidas y baja tolerancia a la frustración. Además, cuando tienen que enfrentarse a un problema les cuesta buscar alternativas», manifiesta. El proyecto de Cruz Roja ofrece apoyo socioeducativo y enseña a los niños habilidades sociales a través del juego. «También tenemos una escuela de padres, porque trabajar las normas y la comunicación parental es muy importante», explica.
Águeda Bayón revela que la mayoría de los niños que acuden al programa de Cruz Roja son hijos de familias monoparentales, con lo que su desprotección es mayor. «Muchos de ellos me dicen que son pobres y perciben la preocupación de sus padres. Yo intento hacer que comprendan que la pobreza no es sólo una condición económica, que la riqueza no está en lo que se tiene sino en lo que se es, que deben valorar otros aspectos, pero la sociedad es demasiado fuerte», lamenta.
Antonio Salvador Jiménez destaca que las administraciones deben dar respuesta a los traumas psicológicos de los menores y defiende que tanto las empresas como el Estado deberían articular planes que detectaran los casos. «Los maestros no disponen de conocimientos para activar estructuras de resiliencia en los niños, no son especialistas en mostrar a los niños de qué manera deben afrontar las dificultades de la vida para salir fortalecidos», sostiene.
Antonio Salvador Jiménez advierte de que la infancia no es el futuro, sino el presente. Además, el coordinador del CIPI destaca que en la mayoría de los programas de ayuda de alimentación se ofrecen a las familias productos que alimentan, pero no nutren. «En una edad tan crítica, la pobreza incide no sólo en el desarrollo físico, sino también en el intelectual»...