Exposición intensa y de larga duración
Hay dos grandes grupos de factores de riesgo, los que son intrínsicos de cada persona y no se pueden cambiar (la edad y el sexo) y los extrínsicos, que sí se pueden evitar. El factor de riesgo más importante implicado en el cáncer de piel es la exposición a los rayos ultravioleta que proceden de la luz solar. El grado de exposición depende de la intensidad de la luz y del tiempo de exposición. Las personas de edad avanzada que presentan una larga evolución de exposisión a la luz solar durante toda su vida son las que más probabilidad tienen de padecer cáncer de piel. Sin embargo, una exposición intermitente pero intensa que además lleve quemadura solar supone también un importante factor de riesgo, sobre todo si la quemadura es durante la infancia o adolescencia. La otra forma de recibir los rayos ultravioletas distintos a la luz solar y que son otro factor de riesgo son las lámparas artificiales y cabinas bronceadoras.
Los antecedentes familiares juegan también un factor de riesgo importante, como las enfermedades hereditarias que predisponen a cáncer de piel como xeroderma pigmentoso o síndrome de Gorlin.
La exposición a otros agentes fisicos como fuentes de radioterapia, que pueden provocar un cáncer en la zona expuesta.
«No podemos cambiar nuestra genética, pero sí podemos evitar exponernos a los factores de riesgo», asegura Sarmaniego.