Diario de León

El alma de la modernidad educativa

Le llamaron el Sócrates español y su liderazgo impulsó el gran plan de modernización del país. Francisco Giner ‘releyó’ el krausismo de manera creativa para inspirar una nueva España..

Imagen de algunas de las fotos de la exposición que llegará a León a finales de año. R. GARCÍA

Imagen de algunas de las fotos de la exposición que llegará a León a finales de año. R. GARCÍA

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cristina fanjul | león

«A Giner se le debe todo. Fue el fundador de la autoridad intelectual, el propulsor de la libertad de cátedra, el inspirador de la Formación Profesional...». La vicedecana primera de la Facultad de Filosofía y Letras, Elena Aguado, se refiere así a la importancia capital del legado de Francisco Giner de los Ríos, inspirador de la Institución Libre de Enseñanza, de cuya muerte se cumplen cien años. La conmemoración llegará a León en el otoño con la exposición El maestro de la España moderna. Francisco Giner de los Ríos y la Institución Libre de Enseñanza, que reúne documentos, fotografías, cuadros, cuadernos, esculturas y prendas del intelectual que modernizó la pedagogía en España.

Giner de los Ríos fue el abanderado de la libertad de cátedra, la idea según la cual la ciencia debía separarse de las creencias religiosas, el espíritu de laicismo y tolerancia sin el cual no hay modernidad ni desarrollo científico.

Sin embargo, su gran éxito se explica en una frase: ‘Hace falta un pueblo’ y para forjarlo puso en marcha la posibilidad de crear una nuevo país desde la base, desde la educación elemental. «Comenzó así una renovación profunda de la educación a través de un racionalismo que se aplicó a los niños», destaca Aguado Cabezas, que añade que Giner trató de que la educación se equilibrara en las patas de la comprensión y el aprendizaje moral. «Giner construyó una especie de filosofía de la educación para formar ciudadanos, de ahí los métodos que empleaba», precisa la historiadora. Entre los avances pedagógicos que supuso la Institución destaca la eliminación de los manuales obligatorios, un plan que hoy se retoma en algunos centros educativos españoles y que para los institucionistas tenía como objetivo establecer una relación directa entre alumno y profesor. «En la ILE entendían que la enseñanza tenía que ser práctica y especulativa, de ahí que pueda decirse que fueron los grandes preconizadores de la Formación Profesional». De hecho, la provincia albergó las escuelas de Villablino, Hospital de Órbigo, León, Villameca o Moreruela de Tábara, encaminadas a convertir el oficio en profesión y hacer que «el hombre pasara de máquina de trabajo a director inteligente del trabajo mismo (...) dándole despejo intelectual y amplitud de horizontes (...) que le permitieran, cuando ocurra una crisis económica, cambiar de oficio e informarse en otro u otros».

Para Elena Aguado la clave estaba en que los estudiantes tuvieran un criterio propio con el que construir, un criterio cabal y riguroso, con el que pudieran crecer. La historiadora incide en la idea de que la base educativa era la libertad, la relación fraternal entre profesor y alumno. «No había castigos. Lograba captar la atención del niño a través del método socrático, mediante la conversación y la discusión», subraya, para lograr así que los alumnos lograran tener criterio y que pudieran ampliarlo por sí mismos.

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