Diario de León

LA CONTRAPORTADA

Los ‘pelillos a la mar’ de Hollande

El Gobierno francés justifica que el peluquero personal del presidente cobre casi 10.000 euros brutos al mes.

El presidente de la República Francesa, François Hollande, ayer, en El Elíseo. FRANÇOIS MORI

El presidente de la República Francesa, François Hollande, ayer, en El Elíseo. FRANÇOIS MORI

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fernando iturribarría | parís

El contribuyente francés ya se ha enterado de lo que vale un peine. Le Canard Enchaîné publicó el miércoles el contrato del peluquero particular de François Hollande. El barbero de El Elíseo cobra 9.895 euros brutos al mes, sin contar indemnizaciones por residencia y otras ventajas familiares. En cinco años de mandato presidencial, la remuneración acumulada asciende a 593.700 euros. Es casi lo que cuesta la reparación del donostiarra Peine de los Vientos. Para poner los pelos de punta.

La abogada de Olivier B., el peluquero más caro de la República Francesa, ha explicado al semanario satírico que tiene que estar a disposición del presidente las 24 horas del día y de la noche. O sea, también cuando el bien peinado se va a echar una cana al aire en moto con la obra maestra capilar tapada por un casco. «Se ha perdido el nacimiento de sus hijos, sus brazos rotos, sus operaciones.», alega la letrada, que no tiene un pelo de tonta.

El contrato estipula que el beneficiario, a su expiración, debe guardar «el secreto más absoluto sobre los trabajos que haya efectuado y las informaciones que haya recogido». Para que tenga pelos en la lengua. Ni hablar del peluquín. Los peinados del especialista en tijeretazos y recortes varios son secreto de Estado.

El ministro portavoz, Stéphane Le Foll, confirmó la información por la que los franceses se tiran de los pelos. «Comprendo las interrogaciones y puedo entender que haya juicios», comentó. «Todo el mundo se peina, ¿no? No es una persona cualquiera. Eso es todo», justificó. Pelillos a la mar. Valérie Trierweiller, la ex primera dama, negó que el peluquero hubiera sido contratado a petición suya, como afirman los autores del libro L’Elysée Off. «Seamos justos: F. Hollande no estaba al corriente del salario del peluquero. Puedo testimoniar de su enfado cuando lo supo más tarde», aseguró en su cuenta personal de Twitter. Un desmentido por los pelos.

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