Diario de León

RETRATOS CALLEJEROS

El relojero con alma de César que parará el tiempo en Astorga

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carmen tapia | texto

Jesús F. salvadores | fotografía

«Lo único que realmente nos pertenece es el tiempo. Incluso aquel que nada tiene, lo posee». (Baltasar Gracián).

El César emérito Josefus Orologius I, el relojero astorgano José María Ramos Castellanos, ha dejado la corona de laurel que ha portado durante 25 años y a sus 71, ya jubilado, dedica su tiempo a levantar un museo con una muestra de 200 relojes que ha acumulado durante su vida profesional. «No tengo un real, sólo relojes». Y tiene tesoros. En su taller no pasa el tiempo pese a que todos los relojes marcan el paso al unísono. «Ya no los oigo, aunque todos están funcionando y marcan las horas».

En el taller de José María Ramos los segundos se ajustan a golpe de vuelta de tuerca. En el futuro Museo del Tiempo de Astorga, que prevé abrir en diciembre, expondrá máquinas del año 1.800. Entre las joyas de la corona están el reloj de los maragatos, que rescató del Ayuntamiento y que ha reparado con piezas fabricadas por un herrero de Astorga o un esqueleto de un reloj de jaula, que no lleva caja, y deja al descubierto toda la maquinaria. «Me encanta ese reloj porque se ve toda la máquina y como funciona cada pieza».

El tiempo no es ya un misterio para José María. «De pequeño subía diariamente los 300 escalones de la Catedral para dar cuerda al reloj», un proceso manual que ya se ha mecanizado.

El trabajo para preparar el museo lo tiene ocupado casi todo el día. «¿El tiempo?. Depende. Con 24 horas ya no me llega, mi señora me tiene que llamar. En mi casa tengo 50 relojes funcionando y dan la hora al mismo tiempo, pero no oigo ninguno».

Ramos no mira el tiempo que pasa mientras está en el taller. El secreto está en no contar sino medir y ajustar. «Ajustar un reloj para que no se atrase ni adelante lleva días, hay que comprobar cómo ese reloj cuenta el tiempo cada 24 horas y con un tornillo pequeño o un peso lo vas ajustando si se adelanta y se atrasa». Así hasta que la puntualidad se corresponde con ritmo marcado.

A José María Ramos se le acabó el tiempo de César. Es el momento del relojero.

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