Diario de León

El budismo resurge en Mongolia

Tras casi siete décadas de prohibición la religión no teísta vuelve a crecer.

El monasterio de Gandan es el único que permaneció abierto bajo el régimen. RAFAEL CAÑAS

El monasterio de Gandan es el único que permaneció abierto bajo el régimen. RAFAEL CAÑAS

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efe | Ulán Bator

Sólo un monasterio permaneció abierto durante la criba contra el budismo en Mongolia bajo el régimen comunista. Situado en el corazón de Ulán Bator, Gandan no es únicamente señal de la resistencia de la vida religiosa a décadas de hostigamiento, sino de su actual resurgimiento en el país.

Erigido sobre una colina de la ciudad, el monasterio de Gandan (abreviatura de Gandantegchinlin) luce soberbio a uno de los lados de la principal avenida de Ulán Bator, la de La Paz, arteria que atraviesa de punta a punta la urbe de algo más de 1,3 millones de habitantes, casi la mitad de la población de Mongolia. De refulgentes colores por su estilo tibetano, dentro y en sus alrededores rezan y alternan centenares de monjes que viven en sus instalaciones.

A sus 32 años, Gankhuyag tiene claro por qué decidió entregar su vida al budismo: «mis abuelos vivían cerca de Gandan, así que para mí era natural venir aquí, donde todo, desde el espacio a su aroma, me resulta familiar y me hace sentir bien».

En un tono melódico y susurrante, casi como si estuviese leyendo tantras, el hombre dice que se hizo monje «para satisfacer los deseos de mi abuela», y que para él serlo significa «dedicar tiempo a meditar y pensar, para así poder servir mejor a la gente».

«La vida moderna -continúa- tiene demasiadas ocupaciones. Decimos a las personas que hay otra vida posible... Pacífica, tranquila».

Gankhuyag lamenta las dificultades para enseñar esa otra vida de la que habla debido a que las casi siete décadas de régimen comunista en Mongolia bajo la órbita soviética (desde 1921 hasta su derrocamiento en 1990) arramplaron con los centros religiosos y los métodos de enseñanza, destrozos que recuerdan a los provocados por la Revolución Cultural en la vecina China.

Unas 100.000 personas fueron perseguidas, y cerca de 20.000 lamas -o maestros del budismo- y 10.000 monjes ejecutados, mientras otros 10.000 eran enviados a «gulags» de Siberia. Aproximadamente 20.000 monasterios quedaban destruidos, aniquilando en conjunto la savia espiritual de un país con siglos de tradición budista.

Los recuerdos de la opresión alientan a hacer uso de su libertad religiosa y recuperar las enseñanzas budistas para las venideras.

Narantuya y Narantungalag, ambas de 18 años, afirman ser budistas por el único motivo de que «hay libertad para hacerlo». «Antes, la religión estaba prohibida. Ahora hay libertad y apertura para ser religioso», afirma la primera. Además, ser religioso es aún una salida laboral de prestigio en Mongolia, Motivos que en conjunto sugieren que el budismo no será -ni fue- fácil de desvincular de Mongolia, donde, «siempre estuvo, pero oculto o escondido».

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