Diario de León
Publicado por
CORNADA DE LOBO pEDRO TRAPIELLO
León

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M ataron ese río al amanecer de una concentración parcelaria que allí era disparate inútil y brutal por ser alta montaña y vieja pradería, el río más retuerto que se vio aquí, lecho alpino, el Silván, que entraba por Isoba al valle de Lillo emborrachándose de vueltas y más vueltas escoltado por sauce moñudo.

Ahí entró el ingeniero a corregir a la naturaleza y, creyendo que el río perdía el tiempo caracoleando, trazó un canal rectilíneo que robó sus aguas y mató todo su viejo lecho... por la puta cara... y sin que nadie amagara una protesta en la que me quedé solo. Para que no muriera en vano, llamé Silván a tres perros que tuve por tener el pelo encaracolado como el viejo dibujo de aquel fascinante tramo cuya riqueza biológica asombraba con truchas de a kilo en lo que parecía una regueróna de sólo dos metros de ancho. Naturalmente era coto de pesca, un criadero asombroso que hervía de truchas incluso en su atraganto urbano al pasar encorsetado entre las casas de Puebla de Lillo, donde ahora disimula ese apretón adornando sus orillas con bardal de ese endémico sálix cantábrica y arbustos propios del lugar.

Al parecer, los vecinos reclaman a la Confederación (confederados, caballería acorazada) que quite lo que ilustra las orillas... y llaman a esa vegetación maleza , como si la bueneza fuera desollarle al río esa poca vida verde que le acompaña en el trago. Sólo faltó que aleguen, como hizo Vegacervera en su día para redondear su crimen fluvial, que esa vegetación cobija a muchas alimañas y peligros.

¿Prefieren un río-canal entre escolleras imitando a las ciudades necias que han devorado su paisaje fluvial?... ¿o quizá sería mejor entubarlo y cubrirlo con tablero de hormigón para sacar unos aparcamientos que allí tanto escasean?... ¿por qué ofende tanto lo natural y espontáneo, el latir de vida brava?, ¿por ser insolente con la mente de escollera y el mal gusto?...

Tratándose de Puebla de Lillo, casi puede esperarse el dislate, pues allí lo mismo se autoriza el derribo de un casón blasonado, que ven sentarse a su alcalde en el banquillo púnico.

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