CORNADA DE LOBO
El trumpazo
Nevó. Un poquito tarde, pero no hay mejor noticia que esas peñas bajo sábanas blancas que vemos fantasmales desde la ciudad y que parecen llegar tarde al Halloween de la Calabaza Trump (pa qué correr).
Dice una de Ordás que si hasta la octava de los Santos no vimos nieve en los altos, hasta la octava de san Andrés no la veremos a los pies... y ni eso, añade resignada y mosca esa señora, porque seguirá remolona la nieve insistiendo en su enigmática señal, esa de hacer infinito que no nieva en Nochebuena en las tierras medias.
Nevó voto reventón en Norteamérica y la mitad de la nación quedó helada, aunque se lo estaba diciendo el espíritu de Pete Seger que se puso machadiano a la guitarra subiéndose a la vaca de los bultos de una furgoneta trotacaminos que iba a su trantrán por esa Ruta 66 enhebrando de este a oeste el país de las maravillas: «Norteamericanito que vienes al mundo te guarde Dios, una de las dos Norteaméricas ha de helarte el corazón».
Trump trajo el Gran Escalofrío y hiela en el corazón de la mitad del pueblo de los Estados Unidos de Norteamérica del Norte; saben además que una niebla baja que anubla la esperanza les persistirá hasta el final de las próximas navidades tristes, grises y sin nieve en sus tierras medias, niebla que dará paso al granizo cuando la Chulería Blanca jure el cargo en enero. Consumatum est. Ganó el fanfarrón. Se agrió la fiesta. Hiela en medio país y en todo el norte de las ideas.
¿Y ahora qué?...
¡Bufandas!... abrígate, Romanín, no me pilles un andancio encima.
Los presidentes se eligen porque hay mucha gente que envidia su arrojo, su poder, su descaro, su dinero, su pelo cardado (engominado Berlusconi), sus cuatro ideas simples pero rotundas (a la quinta llegan con fatiga), sus cojones, sus cochazos, su picha alegre, sus titis entetadas, sus casonas, su tren de fiesta y dividendos. Por ahí vino Trump y su trumpazo, sueño americano. Y por ahí viene la primera dama Melania, la sinbragas de la Bestia para pasto de prensa rosa. El espectáculo aún no comenzó. Triste, pero ameno.