CORNADA DE LOBO
¿Moda?... ojo
Meneando eslóganes León se las pinta solo tirando de brocha gorda y pretendiendo reducir su compleja realidad a un solo lema. Desafinan las simplezas.
¿Qué era aquello de «Rincón por rincón, León», el primer eslogan en el que Cazurrandia se rindió al esquematismo publicitario?... la frasecita es algo enigmática, invita a confundirse... ¿quisieron decir que León anda tirado por los rincones o que, comparados con otros, los de aquí son más rincón-rincón?...
Da igual, al final León acabó arrinconado como si aquella adivinanza hubiera profetizado este rumbo.
A la par de este eslogan (que no pasó de pegatina culo-coche) salió otro no menos chorra y simple: «León: truchas, belleza y porrón». Lo discurrió un lince que para poder rimar tanto ingenio ¿sólo encontró un porrón que nadie vería después en estos bares? Pero de puro tonto resuena aún cincuenta años después en la mollera populá. Las trolas chuletas, cruentas o inverosímiles son las que mejor resisten.
También entonces ruló otro de estos lema-pegata que desvergonzadamente robó el título histórico y exclusivo de la catedral palentina y con jeta de granito vendía León como «La bella desconocida»... ¿a qué darle más al caletre?, mira esto... pal cesto.
Después de tantos esfuerzos era lógico que la lírica publicitaria se agotara dando tregua un tiempo, aunque también florecían pareados y altisonancias que nadie recuerda; hasta llegar no hace tanto aquel «León con garra» que invitaba al «quita allá, que aruña» si no fuera porque se quedó en «León con gorra», tan chulito y tan paleto.
A esta misma órbita del ingenio ingenioso se apuntó también aquel untamiento de Paco Poco que yacía con el leonesismo pirulero para parir otro genial lema-enigma: «León, te quedan dos deseos»... ostiás, sonó a «te quedan dos telediarios»... y así fue.
Sin bajar listón, el último es un «León está de moda» que, al estar registrado, era ilegal y hubieron de podarlo quedándose en «León de moda»... ¿de moda?, ¿eso es todo?... uf, las modas nacen para pasar... y hoy, además, a toda leche... ¡un genio el publicista!