Diario de León
Cristina Fanjul
León

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La socialdemocracia ha acabado con la socialdemocracia. Por eso, el PSOE se mueve en el ring como si los golpes los recibiera él, cuando en realidad parece que es la derecha la que debería estar sonada, pero ahí está, sentada en una esquina tan oreada, como si este cambio de paradigma no fuera con ella. Eso pasa en España, porque en el resto de Europa, el de la historia en la que computamos, las cosas han cambiado, y el viejo sistema de dialéctica falsa en el que unos y otros se mueven como en un diapasón, terminó. La? clase obrera desapareció, lo mismo que el internacionalismo. Nos dirigimos hacia un neofeudalismo en el que cada uno se encarga de construir su propia ciudadela, una en la que la conciencia de clase ha dejado de ser un elemento aglutinador. Ya no hay más que obreros. Somos muchos y enfrentados, ensimismados, de espaldas a nuestra propia realidad. La sociedad, la ciudadanía, no existe. No hay nada capaz de pegarla. Más bien al contrario.

Sin embargo, parece que en España, las cosas siguen siendo diferentes, y por eso los hay que advierten del peligro del volver al 36, pero no, nosotros nunca hemos salido de la Restauración. La sombra de Cánovas es muy alargada, o eso me parece, y habría que pensar qué ocurrirá cuando la válvula de escape no soporte más explosiones. Un problema para los aprendices de brujo. Estamos en un momento complicado porque no es fácil manejar las conciencias y no lo es porque para la mayoría la elementalidad de los problemas a los que se enfrenta cada día se explican con ideas imposibles de entender. No puedes explicar la náusea mediante algoritmos matemáticos. Puedes, pero las consecuencias no serán las esperadas. El tiempo de la gente ha cambiado. Antes se confiaba en Dios y en el futuro. Estábamos dispuestos a pasarlas putas porque sabíamos que tendríamos recompensa en el cielo y que nuestros hijos vivirían mejor. Ahora, todo ha cambiado. Dios se ha convertido en una presencia desapegada y el porvenir se asoma como una amenaza. Así que dejen ya la dialéctica del turno obligatorio.

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