CORNADA DE LOBO
Juez de pinza y olla
Volvió al candil el juez de menores de Granada, Emilio Calatayud, que hace días hizo popular en todos los medios un juicio... de valor: «se nos va la pinza con las comuniones»... nadie lo niega, incluso enfurece, pero al final... y volvió a prender el candil alumbrando otro tiberio en el que se utiliza a menores: «se nos va la olla con las graduaciones».
España goza mucho del ceremonio y las vestiduras, le echa a los ritos y pitos mucha solemnidad y ropón... de nazareno de gala, de novia nube de tules, de militar entorchado, de carnaval, de romano, de lo que sea. Es un acordado teatro público para que cada cual pueda ostentar rango, tipo, posibles... y hasta se tolera el ridículo.
Por reírme hace ya años de estas graduaciones de criaturas de dos palmos copiadas del cine americano me inflaron a improperios y cartas al director los afectados, que resultaron ser muchos más que los familiares del centro que cité, pues ya entonces la cosa se contagiaba veloz... me acusaban de crueldad contra la ilusión de tantos críos que esperaban emocionados esa jornada, el salón de actos, los birretes, las toguitas, las puñetas, las galas familiares, la fiestecita, el convite, el regalito... cuando resulta que la única ilusión es de las madres, padres y profes copiando barato de colegios pijos... hoy es epidemia... aquí jamás se vio, pero... total: teatrillo del disfraz, otro más... de seguir así veremos graduaciones hasta en preescolar, dice el juez... ¿y por qué no, señoría?... qué ricos, mire vuecencia esos renacuajos togaditos, graduaditos... ¿no hay ya paponines de papón o manolitas de manolona?... qué ricos... graduaditos... y ¿educaditos?...
Sócrates preguntó ¿por qué hay tantos adultos empeñados en que a la infancia le salgan las tetas antes que los dientes o un birrete doctoral a los tres años?... muñecas, muñecos...
Necesitamos a a este juez de sentencias singulares, juez de pinza y olla, de pellizco a la majadería social y perol para entrecallar buen juicio.
Y cerró Octavito berrando su jota de la Dolores: «Si ves a Calatayud... pregunta por qué no hay ley... ni tribunal que persiga la memez de tanta grey».