Diario de León

RETRATOS CALLEJEROS

Pioneros en sembrar la tierra en la ciudad

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carmen tapia | texto

f. otero perandones | foto

Sólo quedan cuatro matrimonios de los primeros hortelanos urbanos que emprendieron la aventura de la siembra en la ciudad en 1995. Isabel Clemente y Eduardo Ramos llegaron hace 18 años. Fueron de los pioneros en poner en marcha una iniciativa que ocupa ya a 175 personas mayores y acumula una lista de espera de cien personas. Jubilados que utilizan los huertos urbanos como terapia. «Posamos para esta foto con mucho cariño, que así lo hemos vivido todo este tiempo», dice Isabel, que se emociona al recordar a las 75 personas «con las hicimos piña» que pusieron en marcha un proyecto arrancando piedras con sus manos.

Isabel y Eduardo, con 76 y 77 años, van todos los días a los huertos de la Candamia. «Ahora ya no es como al principio», dicen. «Éramos como una familia, hicimos mucha amistad con todos los que estaban, organizábamos comidas, cenas y fiestas. Viajábamos juntos de excursión y de vacaciones. En verano veíamos salir la Luna, nos quedábamos hasta la una de la mañana. Hemos disfrutado mucho todos juntos en armonía».

La añoranza por los buenos momentos no les resta ilusión por el trozo de tierra de 50 m2,, incluida la caseta, en el que tienen plantados pimientos, lechugas, puerros, patatas, zanahorias, cebollas, pepinos, calabacines y flores de distintas especies, que consumen en casa. «Estoy aquí por los pimientos», recuerda Eduardo. El matrimonio es natural de San Pedro de la Viña, en la provincia de Zamora. «Éramos hortelanos. Mi padre venía a León a vender pimientos en carro. Después tuvimos una finca en La Virgen del Camino y nos la expropiaron para construir el campo de aviación». Cuando Eduardo se jubiló su hija no lo dudó y solicitó un huerto de la Candamia. «Nos lo hemos pasado divinamente. Éramos como una familia. Veníamos todos los días por la mañana y por la tarde desde febrero hasta septiembre. En invierno, no tanto».

Eduardo, menos hablador, sólo tiene buenos recuerdos. Isabel, más conversadora, agradece «todo lo que me ha beneficiado» esta iniciativa.

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