Diario de León
Publicado por
Liturgia dominical JUAN CARLOS FERNÁNDEZ MENES
León

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E n el saludo de la Misa, tomado de la 2ª lectura de este domingo («La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo esté con vosotros»), la Trinidad aparece como lo que es: misterio de vida y de amor. La gran revelación de la identidad de Dios, que es «misericordia», fue experimentada por Israel, como bondad extrema de Dios. Cuando este Pueblo rompía la Alianza, acudían a Dios para rehacerla. Su misericordia nunca falló. Es como un amor de madre, según lo del profeta: aunque una madre se olvidara de su pequeño, Dios nunca se olvidará de Israel.

Lo propio del cristiano es saber que su fe no nace del deseo humano de llegar a Dios, sino que es Dios quien se abaja a los hombres. Su Hijo, «la Palabra hecha carne», es la prueba. Dios, que buscó de mil formas comunicarse con el hombre, se vio una y otra vez frustrado. Unas veces era desoído, otras manipulado. Por eso en ocasiones aparece como caprichoso, arbitrario, que impone duros castigos a quienes violan leyes insignificantes. No queríamos acoger frases como la que se lee en la 1ª lectura: «Dios es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia». Dios era temible y, por tanto, aparecía como justificador de quienes aquí se apuntaban a ser jueces de sus semejantes. Un modo de concebir a Dios que resulta ser común a muchas religiones, del pasado y del presente.

Dios solo es Padre, vida, amor, liberación. Lo que pasa es que el Padre, por su Hijo Jesús, no impone la salvación; sólo la ofrece. Su salvación es efecto de su amor y el amor respeta siempre la libertad de la persona. En su libre albedrío, el hombre podrá aceptar o rechazar la salvación que se le ofrece. Aquí está la primera cualidad de Dios que deberemos tener presente cuando queramos hablar de Dios Padre. Dios es amor, pero su amor no es como el nuestro, maleado por el egoísmo y el interés de buscar ser correspondido. No es posible el encuentro con Dios, si se separa el encuentro del hombre con el hombre. Solo vivimos si convivimos, porque somos habitados por Dios trino y así somos signo en el mundo de que Él es comunión. Solo en comunidad nos realizamos como personas verdaderas. Creer en la Sma. Trinidad significa vivir en comunidad con el Padre Creador que nos invita a seguir su obra creada con proyectos de vida para el bien de la humanidad. Vivir en comunidad con Dios Hijo, Jesucristo, Salvador, redentor y liberador, significa luchar contra la opresión, vivir en actitud de servicio a los necesitados. Vivir en comunidad con Dios Espíritu Santo, significa que renueva nuestras fuerzas, nos humaniza, nos hace hermanos y nos guía para permitir que el Reino de extienda a nuestros hogares y a nuestras comunidades.

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