EL BAILE DEL AHORCADO
Interpretar la ruina
Millones de euros gastados en centros de interpretación que no interpretan nada, contenedores vacíos, huecos, sin siquiera una llave para abrirlos, dinero público malversado, gasto con el que la administración lava su conciencia con León y, al tiempo, despista, y pongan ustedes el complemento directo que quieran, que hay muchas cosas que se pueden distraer, no sólo la atención. Millones de euros gastados, que no invertidos, sepultados como se ha soterrado el proyecto de vida de miles de leoneses. Hay tantos ejemplos que da pudor nombrarlos todos. Para abrir boca: centro de interpretación de los pendones, en Castrotierra de la Valduerna; el Cazario, en La Cabrera; el centro del clima, en La Vid, el del urogallo, el de los castros de Rioscuro... ¿por qué no el centro de interpretación de la ruina? La ventaja es que no habría que destinar partida alguna. Toda la provincia podría dedicarse a acoger este aula, un gran escenario en el que demostrar lo que se puede conseguir a fuerza de ineptitud y estafa. La ruina es una imagen bellísima, una de las más potentes, tanto que puede que sea la única manera que encuentren para devolver a León la entidad que tenía antes de que se hicieran cargo de su desahucio.
La ruina es la conquista de la naturaleza de lo que siempre fue suyo. Es, por ejemplo, lo que parece que trata de conseguir la medida de impedir la caza en Picos de Europa, y la pesca, y cualquier cosa que suponga cercenar el desarrollo de formas de vida humana en León. La ruina podría ser una distopía, pero en León es una realidad, una certeza. Lo que ocurre es que aún no tenemos capacidad de alejarnos de ella para contemplarla en toda su magnitud. Cada vez somos más parecidos a los templos indios colonizados por la jungla y los monos, una novela de Kipling pero sin la extrañeza que aporta el exotismo. No. Aquí lo verdaderamente exótico es llegar a un pueblo y ver gente. Eso sí, por cada lugar que desaparece se crea un centro de interpretación. Lo estáis haciendo muy bien, sólo que no.