CORNADA DE LOBO
Rius i Ros, Ris y Ras
Me parecen siglos los cuarenta años que han pasado desde aquella mili en tu Girona, la que tanto me deslumbró con su costa bravucona o las cumbres que enfajan a tu Olot. De aquella no volvimos a vernos, amigo Florenci Rius i Ros (pues yo, Pedrito Ris y Ras; cómo te jodía la broma... barata, lo reconozco)... y seguro que seguirás escandalizado (alucinaste y me chorreaste) por pedirte aquella vez que, ya que trabajabas en una industria farmacéutica, me consiguieras bacterias de brucelosis para pillarme unas «cómodas» fiebres de Malta que me llevaran tres o cuatro meses al hospital militar de Barcelona lejos de aquel puto cuartel que había sido vaciado de los oficiales demócratas de la UMD (procesados y entrullados en el castillo de Figueras) y sustituídos por comandantines y suboficiales camelleros que habían salido del Sáhara a la carrera por la Marcha Verde de Hassan sin pegar un solo tiro, con el rabo y la honra entre las piernas, así que venían muy cabreados; y como buenos africanos, muy franquistas.
No lo tenía yo muy bien; el informe de tres folios de la policía política de León que envió el gobernador Laína a nuestro coronel me hicieron celebrar en ese cuartel cada dos días la fiesta de San Puteo: servicios por cojones... y al final, 15 días de calabozo y 27 de prevención. Supongo que esta circunstancia me franqueó el portón de tu casa y de tu catalanidad festiva tan acastillada en el monte Canigó (sagrada cumbre madre del seny catalán) donde me llevaste a respirar el aire del horizonte patrio y el humo de la «casina de uno», todo eso con lo que Boadella os define y os resume: «el agradable calor incestuoso de la tribu amenazada».
Pero fuera del cuartel lo pasé bien o genial, me enseñaste tierras gironinas y cosas que me reviven emoción precisa y añorada: comer en banco corrido de masía, bañarse en Begur, picardear en l’Escala, mamarte en Perelada... o pintar la noche barcelonesa de rojerita y despendole algún finde de permiso.
Y hoy es ya tu 1 de Octubre, el Día del Caudillo entonces... ¿quién será ahora el vuestro?... ¿y tú qué harás?... mañana te lo pregunto, aunque imagino.