EL BAILE DEL AHORCADO
Tótems españoles
No sé cuántas veces me han llamado facha a lo largo de mi vida. Supongo que tantas como yo lo he pensado de otros. Facha es una palabra que está secuestrada por personas de un tipismo divertido. Algunos, incluso, son amigos.
Las palabras están en ocasiones ocupadas por determinados conceptos, pero pueden significar cosas dispares. Es lo que tiene el lenguaje, que se pliega a nuestros deseos, a los momentos emocionales en que nos encontramos, a las facturas que se va cobrando la vida. Es así como un conjunto de fonemas que nos parecían armónicos se convierten, llegada la ocasión, en cacofonías.
Con facha no pasa eso. A pesar de su toxicidad lo llevamos impreso en nuestro ADN porque es la forma que algunos tenemos de ser españoles, como los que pintó Goya en Duelo a garrotazos. Y, sin embargo, es la palabra más ‘malversada’ del idioma. Se utiliza mal y a destiempo, siempre para silenciar argumentos, siempre cuando no hay elocuencia que usar como arma. Es como un encantamiento, como un maleficio, el abracadabra del español. Como insulto nunca funciona porque se pierde en atropellos intelectuales. Todos tenemos anécdotas en las que un ‘facha’ perdido se intercala en el debate y logra hacer que la conversación se malogre. Para entendernos: un liberal no es facha. Es justo lo contrario. Cumplir la legalidad no es de fachas es, simplemente, cumplir la legalidad. Mostrar la bandera de España (la constitucional) no es fascista, aunque es verdad que algunos se la apropian de manera poco decorosa.
Un fascista nunca escucha, trata de ridiculizar, nunca considera las opiniones de los demás, es dogmático, y siempre utiliza el insulto —cuando no la violencia— como argumento.
Un consejo: un fascista nunca cambia de opinión, y eso que el pensamiento, para serlo, debe estar de mudanza. La única manera de ser libre es travestir, de vez en cuando, los tótems ideológicos. Y, por último, la tribu es lo más parecido al fascismo que nos queda porque interpela al contrario, siempre, con el miedo y el egoísmo. Pero es que la intemperie es complicada.