«Gabi no volvió tras el accidente, vive pero no es él»
«¡Es verdad, la vida es así!». Gabriel, Gabi para sus amigos, repite la frase que acaba de pronunciar su mujer. Gabi se cayó de un tejado en 2010 en acto de servicio cuando su hijo Hugo tenía ocho meses y su hija Jimena, dos años. Redescubre su vida a diario gracias al apoyo incondicional de su mujer. «Yo soñaba con esa vuelta. La vuelta de la recuperación desde el Institut Guttmann de Barcelona, tras superar un coma de tres meses», dice su mujer. El 9 de marzo de 2011 regresó a León una persona nueva. «No recordaba nada de su familia». Esther se emociona al repasar sus vida tras el accidente. «Lo conozco desde que tenía 17 años. Gabi era un hombre 12, muy dicharachero, muy afectuoso. Éramos muy amigos y teníamos una buena relación de pareja. Cuando volvió de Barcelona no hablaba, había que darle de comer y, al principio, se mostraba agresivo. Ahora es impulsivo pero es feliz». «¡Sí, soy muy feliz!», repite él.
De lo único de lo que se acuerda Gabi es de que todas las noches venía con su uniforme de policía para recoger el Diario de León. Gabi sabía cuando se ponía en marcha la rotativa y acudía con su compañero para leer el periódico que estaría en los quioscos a la mañana siguiente. Lo recuerda al bajar del coche y ver la puerta de entrada del periódico.
Dos cicatrices en la cabeza son las secuelas de la lucha por la supervivencia. «El neurocirujano, el doctor Cosamalón, ordenó una operación para bajar la presión del cráneo, que a las 72 horas estaba normalizada y entonces empezó a pestañear. Todos esperábamos el milagro. Sólo pedía que viviera. Le salvaron la vida pero Gabi no volvió. Me costó tres años asumir que es como mi hijo.