FRANCISCO RODRÍGUEZ LLAMAZARES
«Nos han tocado cambios muy fuertes»
A.G. | LEÓN
El abad de San Isidoro, Francisco Rodríguez Llamazares, fue uno de los nueve homenajeados por sus bodas de oro. Como balance de estas cinco décadas de ejercicio desde que salió del seminario en 1968, reconoció que «nos han tocado cambios muy fuertes aunque nos hemos ido adaptando a las situaciones desde nuestra infancia hasta la actualidad».
Desde la distancia contempla todo lo vivido en positivo. «Todas las cosas nos han ayudado a madurar como personas humanas», señaló.
El abad aseguró también que «nunca me he arrepentido de ser cura». Y como nota más destacada de su trayectoria señaló que ha tenido «el privilegio inmerecido» de haber desarrollado gran parte de su vida sacerdotal al servicio de la Basílica de San Isidoro.
Llegó a este templo románico que guarda algunos de los tesoros del reino de León en 1984 y desde entonces ha permanecido aquí. En 2004 fue nombrado abad por el obispo de León.
Natural de Villarente aunque criado en Villafañe, estudió en los seminarios menor y mayor de la capital. Fue párroco en Arbas del Puerto y en Prioro y también se ocupó de la formación de seminaristas en Santibáñez del Porma y el menor de León.
En 1990 fue nombrado canónigo del cabildo de San Isidoro y se convirtió en su administrador, siendo entonces abad Antonio Viñayo. También ha ocupado cargos de responsabilidad, en el ámbito económico, en la diócesis.
El homenaje a los curas que cumplieron ayer sus bodas de oro y de plata se completó con la crónica periodística de Antonio Trobajo.