CORNADA DE LOBO
Nos salen granos
Me conmina un buen amigo a pronunciarme sobre el resultado final del reempedrado y nuevas aceras de la Plaza del Grano y le confieso que las cosas renuevas y rechulas me sugieren siempre cierta insolente falta de naturalidad, así que he de esperar a que el paso y la pisada del tiempo humille y ondule aquello rectilíneo y planote que luce lo nuevo porque lo fascinante de esa plaza fue siempre su dibujo popular de irregulares rectas, empedrados de hondo surco con sus calvas, losas mal casadas, tejados combados, en fin, las curvas del tiempo, la pátina de los años.
Y le recordé que los habitantes de Oporto rechazaron en su día un pilón de dineros europeos para adecentar el casco viejo tan plagado de fachadas que muerde el desconchón, el verdín, lo gris y el abandono... porque entendieron sus vecinos que esa era la identidad histórica y visual de su ciudad, no la de unos edificios relimpios o repintados como los del casco histórico de cualquier otra urbe europea, tan parecidos hoy entre ellos... y por ello, tan impersonales ya.
A la Plaza del Grano la han injuriado tantas veces, que hace ya tiempo que perdió su intachable rusticidad histórica. Hay casas ahí que no debieron autorizarse jamás, empezando por esa que se pretendió modernamente rompedora y que está paralizada a la espera de un juicio demoledor, por no citar el edificio nuevo de las carbajalas que es feo de plano y alzada no casando en nada con el viejo monasterio y voceando su grandonismo al resto de la plaza.
Pero... ¿te gusta el reempedrado o no?, insiste el amigo que se opuso en su día a la nueva pavimentación. Es muy conservacionista en esto, aunque le recuerdo que el viejo enmorrillado que él defendía fué también un crimen patrimonial, piedra fácil y robada a la muralla de las contiguas Cercas que dejaron arruinarse... y que la intervención actual no parece especialmente agresiva permitiendo un caminarla a gente que antes temía el torzón. Total: que hay que esperar a que la repise el tiempo, como lo piden también las fachadas de San Isidoro y San Marcos, tan repulidas e innaturales hoy.