Diario de León

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Vilecha se moja por la igualdad y por lo rural

A la sombra de los chopos. La tradicional carrera que une los pueblos de Vilecha, Sotico y Torneros, en la margen izquierda del Bernesga a solo cinco kilómetros de la capital, unió ayer a la juventud y las personas mayores, gente aficionada y profesionales en la reivindicación de la igualdad. Cerca de 300 personas participaron, a pie, corriendo y en bici, en esta competición con la que el sur del alfoz se reivindica como espacio para vivir y convivir

La salida de la carrera de 4 kilómetros en la que la gente menuda, y sobre todo los chicos, tomó la delantera. MARCIANO PÉREZ

La salida de la carrera de 4 kilómetros en la que la gente menuda, y sobre todo los chicos, tomó la delantera. MARCIANO PÉREZ

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ANA GAITERO | LEÓN
León

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Un chorro de agua dio la salida a las 280 personas que participaron ayer en la VII Carrera de los Chopos organizada por la Asociación La Casa Caída de Vilecha. Como una señal de que Vilecha y también Sotico y Torneros, los tres pueblos entre los que discurren las pruebas, se mojan, pero de verdad, por la igualdad.

En cada kilómetro del recorrido una frase relativa a la igualdad, recordaba «las tareas pendientes para mejorar nuestro metro cuadrado»: «No son sexos superiores inferiores el uno al otro, son simplemente distintos», decía la primera frase que las personas participantes leyeron en el primer kilómetro de la prueba. El logo-chopo diseñado por dlv-laCentral se transformó en una simbiosis mujer-hombre.

Vilecha se moja también por la convivencia. Porque la seña de identidad de esta carrera, además de que se disputa en bici, corriendo o andando, «es la participación de todas las generaciones» en la medida de sus deseos y posibilidades, comenta Beni Álvarez Alonso, secretaria de la asociación.

Porque si la igualdad fue el tema elegido para esta séptima edición de la Carrera de los Chopos, la participación vecinal de gente de todos los géneros y edades, de profesionales y gente de a pie, pone a la prueba el color de la diversidad y de la alegría de compartir.

La idea de hacer esta carrera surgió hace siete años con el propósito de generar ocio propio en el pueblo. «Sentimos que los sitios que están cerca de León mueren mucho y vimos que era necesario traer aquí las actividades, máxime disfrutando de un entorno saludable como el que tenemos», añade la asociación.

Así que la carrera mantiene en alto «el objetivo de dinamizar la vida rural, de dotar de actividades a los pueblos, donde sea posible la participación intergeneracional, y la convivencia».

La carrera de los Chopos, a solo 5 kilómetros de León, transita por una preciosa chopera y caminos comunales en su recorrido entre las localidades de Vilecha, Sotico y Torneros.

Tras siete años de andadura, s entre este pueblo y sus vecinos de Torneros y Sotico. Bicis primero, peatones después salieron a la carrera o a pie. Quienes llegaron al segundo kilómetro aprendieron la lección básica del feminismo plantada en otro cartel: «El feminismo es igualdad, es tener las mismas oportunidades y los mismos derechos, y todo el mundo debería ser feminista».

La asociación Adavas de León ha colaborado en la selección de estas perlas de la igualdad para sensibilizar a corredores, corredoras y andarines y andarinas. «La desigualdad de género disminuye la capacidad de ver al otro como semejante», se pudo leer en el tercer kilómetro.

La mañana amenazaba lluvia, y algo cayó, pero la carrera, las carreras, no se pararon. El más longevo de la competición, en la modalidad de andarines, fue Esteban, de 82 años, que realizó los cuatro kilómetros de la prueba en algo más de hora y media.

Esteban, que camina todos los días un rato y labra una de las últimas huertas que perviven en este pueblo que fue tradicionalmente agrícola, no se ha perdido ni una sola de las competiciones. Dice que ahora «se pegan los pies abajo y las piernas duelen algo, pero es cosa de la edad». Prefiere vivir que lamentarse porque, como añade, «de viejo pa’lante no pasa nadie».

Destaca de Vilecha que «es un pueblo acogedor» y lo dice por experiencia. Llegó a esta localidad al sur de la capital cuando tenía 18 años. «Fui hospiciano y me crié en Palanquinos. A los 18 vine a Vilecha de criado y aquí me casé y me quedé», añade. Tiene dos hijos y una nieta que es la alegría de la casa. Y junto a Esteban, Jimena, la más pequeñita de la carrera. Una niña de cuatro años para la que «los amigos» es el valor más importante de su pueblo.

Mezclar deporte y ética es otro de los objetivos. Por eso cada año se dedica la carrera a una temática diferente, desde comercio justo, objetivos del milenio, derechos de los animales, inmigración hasta igualdad de género.

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