Diario de León
Pedro García Trapiello

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Causa notable perplejidad que los dos libros más reeditados y vendidos de la historia no fueran escritos por sus «autores». Ni Jesús escribió el Nuevo Testamento ni Mahoma el Corán. De Jesús se sabe que sabía escribir aunque sólo se le ve haciéndolo con un palo en la arena en un pasaje evangélico; y lógicamente sabía leer, pues ya de guaje discutía con los rabinos sobre textos bíblicos, pero por alguna razón que desconocemos prefirió dejar sus palabras en el aire y no escribirlas, lo que hubiera precisado su doctrina evitando que se abriera la caja de la controversia y la discusión aún hoy inacabada sobre si dijo tal cosa o dejó de decirla, algo lógico si se tiene en cuenta que los evangelios comienzan a escribirse décadas después de lo dicho por el Maestro (con lo quebradiza que es la memoria y aún más la memoria interesada o militante), señalándose contradicciones y serias lagunas entre los numerosos evangelistas que se apuntaron a la crónica y que fueron finalmente reducidos a cuatro... así que el enigma persiste: ¿por qué no quiso Jesús escribir directamente su doctrina y evitar así la bronca y los cismas que sabía le sobrevendrían?... Y de Mahoma, lo mismo: los sunís (el 90% de los musulmanes; el resto, chiís) mantienen que su profeta era analfabeto, aunque parece poco probable al haberse dedicado al comercio, lo que requiere saber de cuentas y leer algo para evitar el timo; y que fueron sus discípulos los que pasaron a letra su doctrina que, curiosamente, le fue revelada por el arcángel san Gabriel de los hebreos, de quienes copió junto al cristianismo las líneas gruesas de su Islam. Con Buda pasa otro tanto. No escribió, le escribieron; y el resultado, idéntico: se le multiplicaron iglesias y sectas entre las que corrió la sangre, como corrió varios siglos entre católicos y protestantes europeos y como corre hoy entre las rabiosas facciones islámicas desollándose vivas. Pero la vagancia escritora de Buda, Jesús o Mahoma permitió aflorar nuevos refundadores de sus religiones que no dejaron de escribir tomos y tomos y tomos. Eso entretiene mucho y en ellos estudia el Caín que se lleva dentro.

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