«Vivimos con más de lo que necesitamos»
José Luis Rodríguez, un leonés que trabaja en La Caixa, realiza su primer voluntariado internacional. Lo hace en Perú y el objetivo, ayudar con sus conocimientos a las familias que más lo necesitan, sí tiene recompensa.

El cooperante leonés José Luis Rodríguez con una de las mujeres que forman parte del proyecto solidario que se desarrolla en Perú.
silvia matilla | león
Ayudar a los demás es una actividad que se puede hacer de muchas maneras diferentes. Una de ellas es ofrecer tiempo y entusiasmo a una causa concreta. El voluntariado es una forma de ayuda social que consiste en ofrecer recursos humanos y materiales para un fin determinado. A diferencia de otras formas de aportación como las donaciones económicas, el voluntariado consiste en realizar de forma altruista un trabajo que es necesario para una causa concreta.
Durante el verano, con las vacaciones, muchas empresas se deciden a ofertar un programa de cooperación, ya sea nacional o internacional. Los voluntarios serían los propios empleados. Otras empresas o asociaciones también conciertan voluntariados con oenegés que ofrecen puestos de ayuda en otros países para familias en situaciones desfavorecidas.
En el caso de empresas que ofertan su propia cooperación se encuentra La Caixa que, con su programa Cooperantes Caixa pretende facilitar la participación de trabajadores en activo, prejubilados y jubilados en proyectos de desarrollo local en países de todo el mundo mediante estancias de voluntariado técnico de corta duración.
El leonés José Luis Rodríguez acaba de volver de Perú, donde ha estado durante tres semanas, del 18 de junio al 6 de julio ayudando a familias trabajadoras de quinoa, el cereal más extendido de Perú.
Relata José Luis que el acceso a este voluntariado «no ha sido fácil». Lleva once años trabajando en La Caixa y este es el primer año que realiza la estancia internacional, aunque como él mismo reconoce: «No es el primer voluntariado que realizo, aquí ya he ayudado a personas con ELA, párkinson o alzhéimer, pero quería colaborar con personas de otros países, que no reciben ayudas y que en muchas ocasiones no se respetan sus derechos humanos. La injusticia social es el motivo principal que me impulsó a participar en el programa internacional».
Ser cooperante es una experiencia que marca, confiesa José Luis que «es la mejor experiencia de mi vida, es impagable, tengo la ilusión de tener la oportunidad de repetir más años».
El programa de La Caixa tiene varios planos de actuación dentro de los perfiles de los receptores de la ayuda: se puede desarrollar actividades productivas del sector primario, del sector secundario o de microempresas de servicios además de formación dirigida a profesionales.
La misión en el caso de José Luis durante su tiempo con los trabajadores de quinoa fue desarrollar un proyecto de formación para los ingenieros agrónomos que ayudara a las familias a tener una mejor economía. Según reconoce: «Tuvimos que hablar con cooperativas de productores, con bancos y con cooperativas de crédito, necesitábamos que entendieran que se podían financiar a precios y con tipos de interés más bajos».
La situación de las familias del sur y centro de Perú como insiste el cooperante es «complicada», no saben cuánto les cuesta producir ni por cuanto vende sus productos, por eso su labor fue «conseguir que entendieran lo que les quedaba neto de sus beneficios, por cuánto vendían la quinoa en cáscara y cuánto dinero le costaba cada campaña agrícola.
Hay que recordar que los créditos no son igual que en países occidentales ni existen los seguros por pérdida de cosechas y como confiesa José Luis de esta situación tan arcaica se aprovechan los bancos. Durante su estancia en Perú y también con el objetivo de ayudar mejor a todas las familias fue acompañado por otros tres trabajadores de La Caixa. Un total de cuatro personas con perfiles laborales distintos, desde personal con experiencia en departamentos de riesgo hasta directores de banco formaron parte del proyecto en Perú, dentro del programa Cooperantes que este año ha mandado 40 voluntarios a países como República Dominicana, Colombia, Gambia o Mozambique.
Todos los viajes internacionales, a pesar de ser iniciativa de la propia empresa necesitan de una ONG. Según los requisitos de La Caixa, las oenegés deben preparar a los voluntarios en origen y ser su guía en destino además de acompañarles durante su estancia, llegando incluso a formar parte del proyecto económico que desarrolle el cooperante con su equipo en el país al que lo destinen. Las actividades de formación complementarias ayudan a conocer la realidad del destino y sirve al voluntario para darse cuenta de lo que necesita para realizar su labor cuando llegue allí. José Luis viajó de la mano de la ONG Cesal, una organización de ayuda humanitaria internacional que trabaja en intervenciones que permiten el desarrollo humano de las personas más vulnerables en países de África, Latinoamérica y Oriente Medio.
Aunque el cooperante confiesa que no eligió el destino por descubrir una cultura diferente sino por la injusticia social que se comete con los agricultores de quinoa, relata que se lleva muchos amigos, personas encantadoras. Y sobre todo destaca que «ha dejado huella en mi ver cómo familias que tienen raíces incas luchan por perpetuar sus costumbres y se resisten a abandonar sus lugares de origen pese a una situación económica nada ventajosa únicamente por el recuerdo de sus antepasados y de la lucha para que la cultura ancestral que heredan no muera.
La vida cuando eres voluntario te cambia, José Luis segura que esta experiencia le ha dado lecciones morales que no olvidará, entre ellas que : «vivimos con mucho más de lo que necesitamos y todo lo importante en la vida o es gratis o es imposible de conseguir».
A pesar de haber vuelto hace dos semanas confiesa que la adaptación a España le está costando y sigue pendiente de todo a 10,000 km de distancia. La última noticia y la mejor posible que ha recibido José Luis es la firma del convenio de La Caixa con las cooperativas de crédito para pasar de un porcentaje anual del 24% a las nuevas condiciones que exigen un interés del 7,5% anual para los créditos de los agricultores.